En América Latina no
se ha discutido el tema del financiamiento en los centros históricos,
probablemente, por el poco peso que tuvo en épocas pasadas, sea porque la
inversión que se realizaba era pequeña o porque se destinaba preferentemente a
la periferia dada la presión demográfica existente; o debido a las propias
concepciones monumentalistas que demandaban la conservación de lo existente de
forma selectiva y aislada.
En la actualidad la
situación es diametralmente distinta: la centralidad histórica es más compleja
porque asume, simultáneamente, las funciones de centro y nodo; las políticas
han cambiado al extremo de entenderlas en la ciudad toda y con un peso
gravitante que denota el paso a la “ciudad construida”; el mercado ha tomado la
batuta en el desarrollo urbano por encima de las políticas públicas sobre la
ciudad; y el rol de los gobiernos locales es determinante en los procesos de
reforma del Estado, en los términos de la descentralización (localización) y la
privatización (mercado).

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