En varios libros de La República,
Platón (360 AC) al proporcionar diversos argumentos en los que expresa las limitaciones
de las artes para reflejar la realidad,
profundiza el cisma entre aquellas, y la ciencia y la tecnología.
En un sentido similar Adam Smith, uno de los padres de la ciencia económica tal
y como la entendemos hoy, manifestaba en el
siglo VIII que dedicarse a las artes, la cultura y el entretenimiento no contribuía a la “riqueza de las naciones”, por
corresponder al ámbito de los “trabajos no productivos”, es decir que no generaban
riqueza material. No obstante su autoridad intelectual, la evidencia señala
todo lo contrario a dichos juicios. La historia del arte ha demostrado la falsedad
de la oposición sostenida por Platón, toda vez
que arte, ciencia y tecnología integran un continuum respecto a los más diversos aspectos de la naturaleza
y la vida humana.
A manera de ejemplo cabe recordar
cómo Leonardo da Vinci, en sus estudios anatómicos ilustra la mutabilidad del
cuerpo humano ora por vía natural (calvicie, arrugas), ora por accidente (enfermedad),
o por las pasiones (ira, llanto); como en
efecto se aprecia en “Estudio de tipo humano leonino”, sanguina sobre papel de 1505. De manera análoga
Joseph M. W. Turner, en “ El incendio de
las casas del parlamento”, óleo sobre
lienzo de 1835, nos revela cinéticamente
la naturaleza en no de sus
estados catastróficos: el espectacular incendio del parlamento inglés de
octubre de 1834. O Georges Seurat, quien basándose en las nuevas leyes de la
óptica, buscó la objetividad total según la expuso en su célebre cuadro “ Un domingo
de verano en la Grande Jatte ”, óleo sobre lienzo de 1886, con el cual da
nacimiento al puntillismo impresionista a la vez que se constituye en uno de
los precursores del conocido pixelado de las imágenes digitales de hoy. Por su parte,
y rectificando a Adam Smith, las contabilidades
nacionales han puesto de
manifiesto el impacto que tienen las actividades culturales en la economía de
los distintos territorios, al presentar su importancia creciente en el empleo, la producción, el comercio y el gasto de los hogares.
Se ha estimado que, como sectores de la actividad
económica, las actividades artísticas y culturales
aportan alrededor del 7% del PIB mundial;
y entre el 2% y 6% el PIB de las economías
nacionales (UNESCO, 2010).
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