martes, 23 de agosto de 2016

EL GUIADO TURISTICO INTERPRETATIVO; REFLEXIONES SOBRE SU TEORÍA Y SU PRÁCTICA

Guiar, interpretar y comprometerse

De algún modo, el turismo se desarrolló desde el amateurismo y el camino hacia la profesionalización de la actividad se sigue transitando. Que en medio del sendero podamos detenernos a abrevar en estos aportes para su teoría y su práctica es una verdadera oportunidad.
Generosamente, Fernando Laprovitta comparte con nosotros conceptos de un modo ordenado y rastreando hasta el origen etimológico de las palabras que los contienen. A diferencia de otros libros sobre turismo el suyo pone acento en la “interpretación del patrimonio”. Esta disciplina se distingue de otras (muy afines o similares) por abordarse en el tiempo libre de las personas (que es escaso), en el mismo lugar donde se encuentra el patrimonio y con una intencionalidad decididamente pedagógica. Esta intencionalidad debería apuntar siempre a la conservación de los bienes del patrimonio como destino final de todas sus acciones. Y, sin dudas, ese es el espíritu con el que estas páginas fueron redactadas.
Algo que no dejará de llamar la atención es la practicidad con la que están planteados los conceptos. Muchos de ellos, desde la experiencia personal del autor “en el terreno”, como guía de turismo. Eso es evidente por la abundancia y el nivel de detalle de sus apreciaciones y, sin dudas, permitirá allanar camino a quienes tengan la vocación de guiar interpretando, evitando defectos y errores que -por repetitivos- pasan por prácticas comunes, cuando no, “correctas”. Por eso, también podrá ser una herramienta de valiosa ayuda a otras personas que ya tienen contacto con turistas. Es el caso de guardaparques, guardafaunas, guías de museos y de jardines botánicos, acuarios o zoológicos. Sucede que no todas las instituciones cuentan con profesionales del turismo para atender los visitantes que reciben. Y aunque no hay libro que sustituya la cursada de una carrera que formalice una profesión, este puede ayudar -y mucho- a mejorar el desempeño de quienes ya están “en el ruedo”. De todos modos, mi consejo para esas personas siempre será el mismo: inscribirse en una carrera, estudiar, graduarse, capacitarse de modo continuo y comprometerse con la conservación de la naturaleza y la cultura que sostienen esta actividad. En definitiva, lo que distinguirá al buen profesional será la combinación del manejo de un buen marco teórico con una práctica coherente y comprometida hacia el bien común.

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