Guiar,
interpretar y comprometerse
De algún modo, el turismo
se desarrolló desde el amateurismo y el camino hacia la profesionalización de
la actividad se sigue transitando. Que en medio del sendero podamos detenernos
a abrevar en estos aportes para su teoría y su práctica es una verdadera
oportunidad.
Generosamente, Fernando
Laprovitta comparte con nosotros conceptos de un modo ordenado y rastreando
hasta el origen etimológico de las palabras que los contienen. A diferencia de
otros libros sobre turismo el suyo pone acento en la “interpretación del patrimonio”.
Esta disciplina se distingue de otras (muy afines o similares) por abordarse en
el tiempo libre de las personas (que es escaso), en el mismo lugar donde se
encuentra el patrimonio y con una intencionalidad decididamente pedagógica.
Esta intencionalidad debería apuntar siempre a la conservación de los bienes
del patrimonio como destino final de todas sus acciones. Y, sin dudas, ese es
el espíritu con el que estas páginas fueron redactadas.
Algo que no dejará de
llamar la atención es la practicidad con la que están planteados los conceptos.
Muchos de ellos, desde la experiencia personal del autor “en el terreno”, como guía
de turismo. Eso es evidente por la abundancia y el nivel de detalle de sus apreciaciones
y, sin dudas, permitirá allanar camino a quienes tengan la vocación de guiar interpretando,
evitando defectos y errores que -por repetitivos- pasan por prácticas comunes,
cuando no, “correctas”. Por eso, también podrá ser una herramienta de valiosa ayuda
a otras personas que ya tienen contacto con turistas. Es el caso de
guardaparques, guardafaunas, guías de museos y de jardines botánicos, acuarios
o zoológicos. Sucede que no todas las instituciones cuentan con profesionales
del turismo para atender los visitantes que reciben. Y aunque no hay libro que
sustituya la cursada de una carrera que formalice una profesión, este puede
ayudar -y mucho- a mejorar el desempeño de quienes ya están “en el ruedo”. De
todos modos, mi consejo para esas personas siempre será el mismo: inscribirse
en una carrera, estudiar, graduarse, capacitarse de modo continuo y
comprometerse con la conservación de la naturaleza y la cultura que sostienen esta
actividad. En definitiva, lo que distinguirá al buen profesional será la
combinación del manejo de un buen marco teórico con una práctica coherente y
comprometida hacia el bien común.
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