En la medida en que han aumentado los lugares ocupados por los
seres humanos, así como sus actividades agrícolas, innumerables plagas se han
comenzado a adaptar, encontrando nichos en nuestros edificios y empresas. Estas
plagas se han esparcido por el mundo y han proliferado a través del comercio y
del turismo.
Especies de microorganismos, insectos y roedores representan a
la mayoría de las plagas que afectan al patrimonio cultural. Éstos subtipos
constituyen un riesgo considerable en el ambiente templado del norte
canadiense. Otras plagas, como aves dormideras, moluscos (perforadores
marinos), murciélagos, otros mamíferos invasivos, lagartos, etc., aunque no
predominantes en las colecciones a nivel global, pueden significar importantes
daños en lugares específicos.
Existen 830.075 especies definidas de insectos, 100.800 especies
de hongos y 4.496 especies de mamíferos (Lecointre y Le Guyader 2006). Aunque
las plagas equivalen a una fracción de dichas especies, entregar una lista
completa de estos organismos sería muy extenso para el ámbito de este
documento. Por lo tanto, cada “plaga” será definida en términos generales,
según el subtipo determinado y acompañada por algunos ejemplos comunes; no obstante, cabe afirmar
que las estrategias de control no serán excesivamente
simplificadas
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