El
Turismo ya no es ni debería ser visto solamente como un “satisfactor” destinado
a viajeros en busca de saciar las fantasías o cubrir sus momentos de ocio.
Atender a este tipo de usuarios resulta —de por sí— más que atractivo, pero el “boom”
consiste en satisfacer otras necesidades tal vez más vitales y de real
preocupación para la gran mayoría de empresarios y demás dirigentes públicos y
privados: “problemas derivados del estrés”.
Los
“efectos estrés” crecen día a día afectando directa o indirectamente a la gran
mayoría de habitantes de las grandes ciudades. “El estrés cuesta caro: 150.000 millones
al año” que se gastan en ausentismo, caída de la productividad, gastos médicos
directos, sustitución de los empleados en las empresas afectadas y primas de
seguros... Para paliar este fenómeno de gran costo económico y social existen
diferentes “medicinas”; el Turismo podría llegar a ser considerado como uno de
los remedios más efectivos.

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