En sólo unas pocas décadas el turismo se ha convertido en uno de
los sectores de más rápido crecimiento en el planeta y en un poderoso vector de
relación intercultural, económica y social.
Día a día se multiplican en México las experiencias comunitarias en
proyectos de ecoturismo, visitas a lugares sagrados, sitios arqueológicos e
históricos, rescate cultural (artesanías; historia; cocina tradicional; lengua
escrita; oralidad; medicina tradicional; tecnología tradicional; tradición
ceremonial; transferencia de medios audiovisuales; música y danza; apoyo a los
grupos étnicos) y museos comunitarios. El contexto global para obtener ingresos
de muchas de esas actividades es ahora favorable: el turismo se está transformando
en una de las mayores industrias del mundo y el patrimonio cultural contribuye
en buena medida a esta situación, dando lugar a una verdadera “industria del
patrimonio”, lo cual le ha permitido a México
convertirse en uno de los 15 destinos turísticos más visitados del mundo
y obtener de esta actividad su tercera fuente de ingresos.
En la agenda internacional, el patrimonio ocupa ahora un lugar
prioritario en la formulación de políticas de desarrollo, reconociendo que las
sociedades han creado procedimientos complejos para proteger y administrar sus
recursos, los cuales están arraigados en valores culturales que se deben tener
presentes si se desea lograr un desarrollo humano sostenido y equitativo. En este
contexto, al uso del patrimonio como recurso identitario para la unificación de
las naciones se añade ahora un segundo tipo de utilización vinculado a los
procesos de globalización, en donde adquiere nueva fuerza la lógica de mercado,
pero al mismo tiempo donde se sientan
las condiciones para que el patrimonio sea fuente de desarrollo cultural,
sustentabilidad y defensa de los derechos de la humanidad.
El
giro hacia el turismo cultural: participación comunitaria y desarrollo
sustentable El turismo abre la posibilidad de reconocer
una faceta de rentabilidad económica en el patrimonio natural y cultural gracias
al encuentro que suscita entre los turistas, y ésta puede constituirse en
instrumento para el diálogo entre las culturas, es decir, vehículo de
intercambio y difusión de la diversidad, así como de comprensión y tolerancia.

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