viernes, 15 de julio de 2016

CONSERVACIÓN PREVENTIVA EN LUGARES DE CULTO

Aunque en el ámbito de los museos, los archivos y las bibliotecas poco a poco se va imponiendo la estrategia de conservación preventiva, al menos como planteamiento teórico asumido por la mayoría de los profesionales de la conservación de los bienes culturales, existe una parte muy importante de nuestro patrimonio cultural que se encuentra depositada en iglesias, ermitas, monasterios, etc., con una serie de particularidades que dificulta la implantación de métodos de trabajo que permitan la prevención del deterioro.
Generalmente se trata de instituciones que no tienen una estructura técnica y administrativa permanente para la conservación de los bienes inmuebles y muebles que atesoran a pesar de gozar, en la mayoría de los casos, de cierta protección como bienes inscritos en el Registro General de Bienes de Interés Cultural o formar parte del Inventario General de Bienes Muebles. Requisitos que establece la legislación estatal, en algunos casos complementada con normativa de las comunidades autónomas. Además de esta carencia de medios técnicos es preciso considerar, en cualquier esquema de trabajo, otra particularidad que determina de forma importante la implantación de criterios de conservación preventiva, que es su carácter de patrimonio en uso. Un uso vinculado a ritos y tradiciones de amplio seguimiento popular en el que se entrelazan, además, elementos del patrimonio inmaterial que requieren asimismo una aproximación especial en cuanto a los requerimientos de conservación.

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