El presente libro es un intento desesperado por
recuperar las raíces epistemológicas del turismo, en aspectos que van desde la
comunicación, la educación hasta fallas metodológicas graves que han hecho
colapsar los estudios vigentes. Durante mucho tiempo, los turismólogos han
creído que la madurez de una disciplina se determina por la cantidad de
trabajos, tesis o investigaciones, o lo que es peor aún si existiesen
departamentos que ofrezcan estudios doctorales; esta idea los ha encerrado en
su propia miopía. Definido el turismo desde una óptica estrictamente comercial,
no solo la investigación estuvo influenciada por disciplinas como el marketing
o management moderno, sino que se hizo foco en la perspectiva del turista, como
unidad de negocio. En la actualidad, los mismos turismólogos reconocen los
problemas del turismo para lograr salir de los paradigmas que no permiten un
avance sustancial de la disciplina. En lugar de consensuar las bases
epistémicas necesarias para crear un objeto unificado de estudio, la
turismología ha recurrido a diversos paradigmas externos provenientes de otras
disciplinas. Después de tantos años de trabajos ininterrumpidos, no queda claro
aún ni que es el turismo, ni que estudia la turismología. El viaje ha sido
comprendido como un commodity propio de una estructura de oferta y demanda.
Nuestra perspectiva, por el contrario tiene dos objetivos claros. Primero y más
importante, cuestionar los marcos conceptuales vigentes en los estudios de
turismo, para luego proveer a los lectores bases sólidas para la construcción
de una nueva ciencia del turismo. El libro se encuentra estructurado para
resultar ameno a la lectura, aún si el lector no tiene conocimientos
antropológicos previos.
Definido en términos de proceso cíclico producido
por una dislocación identitaria, todo viaje no es determinante del turismo.
Tampoco el turismo es una construcción moderna. Durante muchos años, diversas
civilizaciones extintas han conducido prácticas muy parecidas al turismo
moderno. La confusión radica en creer que el turismo actual sólo se define por
sus propios términos, ignorando las etnografías llevadas a cabo en tribus no
occidentales. En tanto que institución social, el turismo atraviesa gran parte
de las culturas de este planeta, y sólo una ciencia podrá ser posible, si como investigadores
podemos comparar todas estas formas diferentes de turismo. ¿Porque llamamos turismo
cultural a un viaje a una reserva indígena?, o es que acaso, ¿los indígenas no
viajan para distraerse o para ver a los familiares de su clan?. Es aquí, donde
el estudio de los mitos antiguos nos enseñan que el turismo ha sido practicado
desde antaño, seguramente con otro nombre. Pero sin rumbo fijo, sin metodología
ni episteme, articular todas estas formas culturales del turismo en forma de
una ciencia ordenada, es una tarea fútil.
El turismo es producto de la hospitalidad, no entendida ésta como un
negocio hotelero, sino como un pacto inter-tribal de reciprocidad entre las
tribus y clanes. Sin hospitalidad, no solo el viaje es imposible, sino que el
turismo queda vedado. Por ese motivo, no es errado definir al turismo como, la
ciencia de la hospitalidad.

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