Una vez que el
patrimonio cultural se ha puesto de moda, ya que aparece día a día en los
medios de comunicación expuesto como la panacea para resolver los problemas
económicos y sociales, bien sea considerado como recurso inagotable o como
elemento clave en las señas de identidad de los grupos sociales, ha sido
frecuente en los últimos años el análisis del mismo desde la perspectiva de
diferentes ciencias sociales, la historia entre ellas. En este campo son muchos
los profesionales que han meditado sobre cómo se relacionan la historia y el
patrimonio, máxime cuando en medio se encontraba implícita la cuestión —no
siempre mencionada expresamente— de que éste podía constituir una fuente
creciente de puestos de trabajo para una profesión como la nuestra, en crisis
laboral desde hace ya bastante tiempo. En este sentido, y aprovechando la oportunidad
de meditar sobre este tema que se me planteó en 1999 al preparar la oposición a
la plaza de Profesora Titular de la asignatura «Técnicas Artísticas y
Conservación y Restauración del Patrimonio Artístico» del Departamento de Historia
del Arte de la Universidad de Zaragoza, recogí y analicé una amplia gama de
opiniones al respecto, añadiendo a ellas una serie de reflexiones personales
que espero resulten de interés, puesto que considero que éste es un tema
todavía abierto y susceptible de discusión, sobre todo desde el punto de vista
administrativo en tanto que en la práctica nuestra presencia en este campo
sigue dependiendo en muchos casos de la buena voluntad de profesionales
(arquitectos o técnicos de la administración) sensibles a la necesidad de
utilizar la historia como elemento crítico y fundamental para la conservación y
restauración del patrimonio cultural
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