En el fondo, la nostalgia impulsa a reescribir la historia. La
Biblia, por ejemplo, es fruto de la nostalgia por el Edén. Y este libro es
acerca de esa nostalgia por una época en la que el hombre parecía haber
restituido el Paraíso, y alcanzado el mayor desarrollo de sus talentos.
En la memoria puede cotejarse, sin embargo, el carácter contrario
de ambos periodos. Mientras en uno, el hombre apareció en el jardín del Edén
graciosamente, en el otro, fue fabricando un paraíso de valores, siguiendo un
trabajoso proceso para el que se valió, principalmente, de tres factores:
observación admirada de la naturaleza y la historia, rigor perfeccionista y
plenitud de la pasión.
Fue una época de gigantes. Si bien este libro se ocupa
únicamente de los que gravitaron en el
arte, la cultura y la arquitectura, recordemos que en esos mismos tiempos sucedieron algunas de las mayores hazañas de
la aventura humana.
Colón, por ejemplo, hizo sus viajes y descubrió América, y
muchos otros acontecimientos portentosos pusieron en evidencia que la osadía
del hombre empezaba a superar todos sus límites.
Uno de los personajes más representativos de ello fue el capitán
portugués Fernando de Magallanes.
En una época de navegantes, Magallanes fue el más intrépido de
todos y la epopeya de su vida la más prodigiosa. Circunnavegó el globo
terráqueo desafiando con pericia –aunque no siempre con acierto– los resquicios
más complejos de la geografía universal. De él se ha dicho, con veracidad, que
no fue el hombre más sabio de su tiempo pues, en ese terreno, lo superaba
Erasmo de Rotterdam. Tampoco el más talentoso pues, en ese otro, Leonardo da
Vinci era mayor. Magallanes, sin embargo, cumplió su propio sueño infantil: ser
el más valiente, el héroe de su tiempo que dejó tras de sí la estela de una
leyenda. Se atrevió a enfrentar los mayores desafíos, y también los más
inverosímiles.

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