Todas las formas de desarrollo, en
sus dimensiones individuales y colectivas, están determinadas en última
instancia por factores culturales, de modo que resulta casi ocioso hablar de la
relación entre cultura y desarrollo como si fueran dos cuestiones diferentes.
Cuando mucho representan dos caras de la misma moneda; son aspectos constitutivos
de la identidad y de la vida de una co munidad, de un pueblo.
Vistas así las cosas, podemos
también decir que la cultura no es simplemente un elemento ornamental, sino
parte esencial del progreso material; es el origen y el fin último que hace
mover a la gente en pos de una mejor vida. En efecto, una colectividad busca
siempre avances y mejoras en sus condiciones de vida, entendida como una
realización de la existencia humana en todas sus formas y en toda su plenitud. Las
culturas son procesos dinámicos que evolucionan y avanzan debido a la energía
que ellas mismas generan y a la interacción con otras culturas con las que se relacionan.
De modo que, en el torrente cultural de un grupo, se mezcla la sangre propia y
la ajena. De ahí que, al mismo tiempo, el desarrollo constituya una empresa a
la vez ambiciosa y compleja ya que se trata de asegurar a los seres humanos en todas
partes y a todos los niveles las condiciones de una vida digna y plena de sentido.
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