Cada día es mayor el número de
habitantes de las grandes ciudades del país (Santiago y alrededores,
Valparaíso-Viña del Mar, Concepción-Talcahuano, Antofagasta, Temuco, entre
otras), y también viajeros de otros países, que anhelan disfrutar de sus
vacaciones en el campo, junto a un lago, un río, a la orilla del mar, cerca de
un bosque y sobre todo junto a la gente sencilla y amable de los pequeños
pueblos y aldeas a lo largo de Chile.
Las familias campesinas, las
comunidades de pueblos originarios, los pequeños y medianos productores
agropecuarios de todas las regiones del país, tienen ahora la oportunidad de
abrir sus predios, sus parcelas y sus campos, para permitir que viajeros y
turistas puedan conocer los hermosos paisajes de los fértiles valles nortinos,
los cultivos frutales del centro del país, las praderas del sur y las pampas de
la Patagonia.
Numerosas empresas y negocios
asociados al turismo rural han surgido de manera espontánea, como una manera de
diversificar los ingresos familiares y aprovechar potencialidades que se
encontraban subutilizadas. Existen varios ejemplos de negocios vinculados al
turismo rural tales como producción y venta de artesanías, productos con identidad
local, productos gourmet, prestación de servicios de alojamiento rural,
servicios de alimentación, entre otros, que representan ingresos adicionales,
pero que en esencia no son la actividad económica principal que sigue siendo la
agropecuaria.

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