El desarrollo actual y perspectivo
del turismo, como sector emergente en muchas economías, puede convertirse en un
elemento que ayude, en lo posible, al equilibrio económico entre las naciones
de diferente nivel de desarrollo (García, 2003). Al mismo tiempo se podría
plantear que los recursos naturales y culturales de los países subdesarrollados
pueden ser fuentes de recepción turística de enorme importancia económica y de
enriquecimiento espiritual.
La recepción a la que se hace
referencia puede efectuarse en destinos turísticos, los que poseen peculiaridades
como: la amplitud de su impacto social, la indefinición de su estructura jerárquica
y de las fronteras del sistema, el elevado nivel de complejidad debido a su
alcance y magnitud, el carácter modular o personal del producto turístico y el
carácter multiorganizacional del proceso turístico, que les imponen retos a los
enfoques de gestión turística del patrimonio cultural.

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