La Declaración Universal de la UNESCO sobre la
Diversidad Cultural se aprobó por unanimidad en una coyuntura muy singular:
acababan de producirse los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 y la
31ª reunión de la Conferencia General de la UNESCO constituía el primer gran
encuentro de nivel ministerial después de aquel día aciago.
Ello brindó a los Estados la ocasión de reafirmar su
convicción de que el diálogo intercultural es el mejor garante de la paz, y de
rechazar categóricamente la tesis que auguraba un choque ineluctable entre las
culturas y civilizaciones.
Un instrumento de esta envergadura es algo novedoso
para la comunidad internacional. En él se eleva la diversidad cultural a la
categoría de “patrimonio común de la humanidad”, “tan necesaria para el género
humano como la diversidad biológica para los organismos vivos”, y se erige su
defensa en imperativo ético indisociable del respeto de la dignidad de la
persona.
La Declaración aspira a preservar ese tesoro vivo, y
por lo tanto renovable, que es la diversidad cultural, diversidad que no cabe
entender como patrimonio estático sino como proceso que garantiza la
supervivencia de la humanidad; aspira también a evitar toda tentación
segregacionista y fundamentalista que, en nombre de las diferencias culturales,
sacralice esas mismas diferencias y desvirtúe así el mensaje de la Declaración Universal
de Derechos Humanos

como se puede descargar el archivo?
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