REFLEXIONAR
SOBRE la
relación entre cultura y economía implica derribar mitos y exorcizar más de
algún fantasma, especialmente aquellos que desvelan tanto a artistas como a
economistas; los primeros, temerosos de que la creatividad se valorice solo en
términos numéricos o según la eficacia de sus rendimientos; los segundos,
inquietos ante un mundo que es difícil de medir y cuantificar, que parece
siempre deficitario y que pocas veces entrega cifras estables o estadísticas
permanentes.
Sin
embargo, como bien han señalado los especialistas internacionales en la
materia, en los últimos años ha ido creciendo la conciencia del papel que desempeña
la cultura en las economías en desarrollo. Esta nueva visión implica reconocer
que la cultura es capaz de contribuir al crecimiento económico a la vez que
aporta al desarrollo humano de la sociedad, lo que la convierte en el elemento central
de un país como Chile, que aspira a dar el salto al desarrollo.

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