Los pueblos originarios han
sido sistemáticamente sometidos a procesos de despojo de sus saberes,
diversidad, productos y trabajo, a la par que el Estado tolera estas formas de
despojo, no genera mecanismos de respeto, protección y garantía de sus
derechos, y los criminaliza cuando ejercen su derecho a la protesta.
De lo anterior podemos concluir que este modelo
de ejercicio del poder es endémico y estructural al sistema político-económico mexicano
y propio de la forma de producción capitalista en México.
Otro aspecto que se observó en el Foro es la
transformación que puede observarse en los pueblos indígenas, en particular con
sus cada vez mayores interacciones con la urbanidad, sin que ello signifique la
pérdida de su identidad como indígena, ni de muchas de sus costumbres, y
tampoco de su estructura colectiva

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