Lo primero de todo
fue constatar que, desde el punto de vista arquitectónico, existen dos tipos de
museo: por una parte, aquellos edificios de nueva creación que han sido
concebidos, realizados y planificados, tomando en consideración todas y cada
una de las necesidades de la institución para el desarrollo de sus funciones,
en lo referente a la colección, pero también al personal y al público
visitante.
La segunda tipología
son los edificios históricos que han sido rehabilitados y adaptados para estos requerimientos. La literatura
especializada advierte que estos casos tienen un especial interés, por el
propio valor patrimonial del contenedor, pero también porque llevan aparejada una
importante problemática para la adecuación de las instalaciones.
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