Taquile es una de las islas del lago Titicaca, que tiene parajes
de inusual belleza, cuyos pobladores conforman la
Comunidad Campesina del mismo nombre y que llevan en su sangre los orígenes precolombinos
de la cultura quechua; pese ha estar en una región básicamente aymara. Unas
tres décadas atrás, Taquile era una comunidad muy cerrada al contacto con el
mundo exterior, lo cual precisamente concitó la curiosidad turística por su
cultura, en una corriente equivalente a la que existe, en el mismo Lago Titicaca,
con el grupo de los Uros.
Desde ese entonces a la fecha, Taquile ha dado un salto de enorme
trascendencia en su historia. Ha abierto las puertas de su comunidad y ha
expuesto con singular éxito su tradición y cultura, no sólo en el medio nacional
sino que también en el ámbito internacional, a partir de un interesante emprendimiento
turístico con características muy singulares.
La comunidad, que alcanza los dos mil habitantes, recibe ahora
alrededor de 50 mil turistas al año,
veinticinco veces su población. Una situación de esa envergadura plantea enormes retos sobre la capacidad organizacional
de cualquier centro turístico, particularmente
en el caso de Taquile que carece de
tradición empresarial para este tipo de actividades y que dispone apenas de 12 kilómetros cuadrados mayoritariamente conformados
por laderas pedregosas.
La comunidad de Taquile ha venido afrontando este reto con varios aciertos
tangibles pero también, asumiendo la persistencia de una serie de vacíos que
felizmente se están tratando de cubrir progresivamente en el marco de planes y
proyectos específicos, donde los protagonistas fundamentales son las propias gentes de la comunidad.
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