El turismo cultural se encuentra en fase de crecimiento y el turismo
indígena es parte de él. Se particulariza porque el turista interesado desea
sostener un estrecho contacto con las poblaciones anfitrionas -comunidades o
familias indígenas-,para conocer sus costumbres presentes y ancestrales. Lo que
seduce de estos viajes es su promesa de paisaje y la oportunidad de diálogo
hacia otro tiempo y cultura.
Esas
experiencias nos conducen al propio planeta interior, al de la especie humana y
la riqueza que se adquiere en el turismo indígena, radica en ese contacto con
otras maneras posibles de percibir y construir la realidad. Es un intercambio
con grupos de humanos que han devenido
en subalternos en el mapa de las tendencias dominantes del escenario global
pero que poseen una imaginería esencial, lúdica y cosmos-aldeana que se
fundamenta en su contacto excepcional con la naturaleza

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