La aplicación de las técnicas para “crear un clima”, “dar
alma” a un lugar o situación, no es muy habitual en
Iberoamérica. Si bien a veces se aplica cuando un intérprete
lee un poema con sentimiento, establece una pausa para
que el silencio del bosque sea el protagonista, o cuando
usamos música para realzar un sitio histórico. Todas son
acciones de animación, aunque esta se vincule más a
escenificaciones que, muchas veces, requieren una cierta
logística y operatividad. La máxima expresión de esta
estrategia son las “recreaciones históricas”.
Morales (2001) describe la que considera como primera
experiencia de Living History en Chile: Tuvimos la suerte de
ser atendidos por dos corralinos directamente implicados en
una de las actividades más interesantes que ofrece el
Fuerte: la “Reanimación Histórica” […] Se trata de
la primera experiencia de Animación Histórica
(living history) que se realiza en Chile […], iniciada en 1995.
En la Argentina, recién en el año 2000 –desde la Secretaría
de Cultura de la Nación– se lanzó el proyecto “La historia en
su lugar”, un programa de animación a nivel nacional
liderado por actores, pero con fuerte participación de
comunidades y público local. Se desarrollaba en lugares
históricos significativos del país (la casa de Sarmiento, en
San Juan; la posta de Sinsacate, en Córdoba; el Castillo de
Saint Exupery, en Entre Ríos; o la casa de Lavalle, en Jujuy).
No podemos afirmar que fuera la primera acción de
animación en el país, pero sí la más importante producida
con apoyo y logística del Estado nacional.
Otras dos actividades de animación destacan por su
continuidad en el tiempo, por la evaluación positiva de los
administradores y por su popularidad entre los visitantes.
Una es la que desarrollan los guías del Parque Tornquist, en
Buenos Aires, que realizan sobre “el bosque encantado”:
duendes y dioses protectores de la naturaleza nos guían. La
otra es la llevada a cabo en el Museo del Presidio de la Isla
Grande de Tierra del Fuego, donde los visitantes se visten
de presos y recorren el sitio con la sensación que podría
tener un recluso en las gélidas celdas en la década de 1920.
La práctica de la animación es más habitual en Europa o
Estados Unidos, donde es común ver a guías “vestidos de
época”, o que el personal de un castillo o un museo tengan
el atuendo correspondiente a la ubicación temporal y
espacial que se quiere comunicar.
Sin embargo, sospechamos que estas actividades no suelen
analizarse desde el punto de vista teórico, ni desde su
aplicación, uso y evaluación. Más bien son consideradas
como actividades “recreativas” o un “complemento” de la
exhibición o visita guiada tradicional.
Benítez (2007), en el Boletín de Interpretación 17, hace una
descripción pormenorizada de las variantes de la estrategia. Sugerimos revisar directamente el artículo, pero sí es
notable destacar la disparidad de nombres con que se
encara la técnica, según Benítez: Encontramos “Living
history”, “Visitas animadas”, “Visitas lúdicas”, “Animación
activa”, “Reconstrucción histórica”, “Visitas teatralizadas”,
“Recreaciones históricas”, “Reenacment”, etc., […] Para
Living history no encontramos una traducción exacta en
castellano (“historia viva” la llaman en algunos lugares) y,
además, nuestro estilo y enfoque es muy diferente al de
británicos y estadounidenses; “Visitas animadas” es un
término redundante, ya que se entiende que una visita
turística no puede ser desanimada (o no debe); lo mismo ocurre con “Animación activa”; que implica la existencia de
una animación pasiva que sería contradictoria en su
significado. Las “Recreaciones históricas” y el “Reenacment” atienden principalmente a la reproducción exacta de
hechos, vestimentas, batallas, etc., dejando de lado al
público.
Si no podemos ponernos de acuerdo nosotros, el colectivo
que lo practicamos, resulta también complejo desarrollarlo,
jerarquizarlo y promoverlo, sobre todo en el ámbito de los
profesionales de la valoración del patrimonio. Por esta
razón, nos animamos a proponer algunas consideraciones
básicas para que una acción de animación sea exitosa y
efectiva:
La autenticidad y el cuidado en los elementos de
recreación histórica. Toda la magia puede perderse ante un
fallo en los detalles: Una zapatilla moderna que se “coló” en
la exhibición, una música inadecuada, o una palabra que
convierta en ridículo lo serio. Los detalles pueden marcar la
diferencia.
La transmisión de un mensaje claro. No se trata de una
simple representación teatral, sino la revelación de un
significado, es decir, la transmisión de un mensaje bien
claro y nítido.
La participación ACTIVA de las comunidades locales. Esto
es lo que le dará continuidad y sentido profundo a las
actividades. Los animadores pueden irse o cambiar de
profesión, pero la comunidad tomará la acción como propia
(tenemos numerosos ejemplos de ello).
En referencia a esto, Martín (2003), en su artículo sobre la
autenticidad (Boletín de Interpretación 9), dice: Si el
patrimonio es considerado como apoyo para la memoria
social, uno de los valores fundamentales a considerar será la
presencia de sus habitantes. Al poner en primer plano la
capacidad de identificación y apropiación por parte del
grupo social, este grupo pasa a ser considerado como
protagonista de cualquier operación que se emprenda: la
intervención en el patrimonio tenderá al arraigo y desarrollo
de la población, evitando a toda costa su expulsión o su
marginación.
Por su parte, Tilden (2006) nos describe una acción de
animación ideal: En una de las salas una atractiva
muchacha, ataviada con ropas del periodo de 1860, tocaba
las mismas notas que se escuchaban en esa época. Podría
haber sido una vecina de ese periodo. La música no
representaba ninguna obstrucción y pude percatarme con
placer que la mayoría de los visitantes no le prestaba atención, un claro signo que estaba en armonía y era
aceptada como parte de la recreación.
Un caso reciente, especial y novedoso
La experiencia realizada en el Museo Provincial Marqués de
Sobre Monte (Córdoba, Argentina), nos acerca a la
pregunta: ¿Quiénes son esas musas de los museos?
¿Quiénes, sino las personas que caminan diariamente por
las calles de una ciudad, en la rutina de sus días y horarios, y
que, por minutos, se transforman y eligen vivir la
experiencia que plantea el museo? Una gran oportunidad
para aplicar el primer principio de Tilden: Cualquier
interpretación que no se relacione con la personalidad o la
experiencia del visitante, será estéril. Apelamos a esos
visitantes porque ellos son el centro mismo de la acción y
de la participación.
Definir el lugar, el espacio que tiene el aporte del “otro”
dentro del museo, es una de las problemáticas que se
plantea la museología crítica. ¿Cómo interactúa el museo
con los visitantes para que se sientan involucrados con el
patrimonio que en él se exhibe? ¿Cómo encontrar nuevas
formas para que los visitantes se interesen en colecciones
más accesibles?
Teniendo en cuenta el tema que el ICOM desarrolló para el
Día de los Museos 2015: Las colecciones del museo
producen conexiones, y coincidente con fechas del mes de
mayo en las que el Museo Marqués de Sobre Monte se
propone año a año recrear las salas como lo eran en la
Colonia, acercando a la comunidad algunas de sus
historias... se propuso encontrar nuevas maneras de implicar a la comunidad con el fin de interesar al público en
general, tanto al que visita las salas del museo como a los
paseantes, pensando en un acercamiento ocasional con
ellos.
Durante la jornada aplicamos estrategias de animación, y el
personal recorrió junto al público los distintos espacios de la
Casa-Museo, pero también salieron a las calles del centro
de la ciudad de Córdoba con el objetivo de sorprender al
transeúnte y generar que se apropie de la experiencia de
“viajar en el tiempo”, retratándose junto a los personajes
de época, usando grandes marcos dorados, pasando a
formar ellos mismos parte de la colección del museo, bajo
el título “Sobre Monte de colección”.
Sorprendidos transeúntes vieron en las calles de la ciudad
personajes como “el Negro José”, “caballeros y damas
antiguas”, y todos los protagonistas de la Córdoba colonial
que iban invitando a retratarse detrás de algunos marcos
antiguos, para hacernos reflexionar sobre las colecciones
que exhibe el museo.
De a poco, se comenzaron a mezclar, y así la gente quería
ser fotografiada junto a algún personaje que escogiera. Uno
a uno se retrataron en aquellos marcos antiguos, en
distintas esquinas, con distintas historias.
Visitar un museo, entonces, a través de esta estrategia,
debe convertirse en una experiencia de descubrimiento y
diversión. En este caso, el reto se basó en la programación
de nuevas actividades, algunas alejadas de la ortodoxia del
museo, y arriesgarse a un cambio. Plantearse el cambio de
uso de espacios, de diálogos distintos…
Aun así, el tema Las colecciones del museo producen
conexiones, nos permite reflexionar y sentir a los museos
como instituciones vivas que crean vínculos entre los
visitantes, sus colecciones, las distintas generaciones y toda
una comunidad. La animación, como estrategia, acentúa el
poder que tienen los objetos museísticos, no solamente
contando su historia, sino también creando un nexo con la
comunidad.
Volviendo a las fuentes, Freeman Tilden, mientras analiza y
describe quizá por primera vez la estrategia de la
animación, nos brinda una lección magistral:
Para nuestro futuro es vital mantener el imperecedero
sentido de herencia de nuestros padres, y ese
conocimiento se obtiene manteniendo el pasado como una
realidad viva. Ahí reside su fuerza. ¿Seremos capaces de lograr ese enorme desafío?
Bibliografía
- Benítez Muñoz, Javier. 2007. Reflexiones en torno a la animación del patrimonio Boletín de interpretación 17. Asociación para la Interpretación del Patrimonio.
- Guzmán, Aldo; Fernández, Guillermina; y Valenzuela, Silvia. 2010. La recreación histórica como herramienta de la interpretación para recuperar y preservar el patrimonio en peligro. Boletín de Interpretación 23. Asociación para la Interpretación del Patrimonio.
- Morales, Jorge. 2001. La animación histórica en Corral, al sur de Chile, es un caso excepcional. Boletín de interpretación 4. Asociación para la Interpretación del Patrimonio.
- Terny, Gabriel. 2007. La animación, una estrategia de interpretación del patrimonio. En: Carlos Fernández Balboa (Ed), La interpretación del Patrimonio en la Argentina. Administración de Parques Nacionales de Argentina. Buenos Aires.
- Tilden, F. 2006. La interpretación de nuestro patrimonio. Asociación para la Interpretación del Patrimonio (ed.). Primera edición en castellano. España.
POR:
Marcela Fernández
Carlos Fernández Balboa

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