sábado, 26 de diciembre de 2015

MUSEOS Y MUSEOS

Una manera de diferenciar los museos es por su contenido, por el tema al que se dedican. No tiene mucho sentido dedicarnos a clasificarlos, sobre todo porque son instituciones ideales para hacer entrecruzamientos y mezclar disciplinas. Pero podemos enumerar sin demasiado rigor los más usuales. 

Museos de Arte 
En los museos de arte encontramos pinturas, dibujos, esculturas, grabados, fotografías, instalaciones. Se caracterizan por proponer una mirada desde el punto de vista estético. Habitualmente están organizados por lugar y por época, o sea que encontramos en una misma sala obras que fueron realizadas en un mismo contexto histórico y que muchas veces tienen parentesco de estilo. Un caso particular lo constituyen los museos de Arte Moderno o Contemporáneo, que se dedican a obras producidas en el presente. También hay museos dedicados a un solo autor o a una técnica específica

Museos de Ciencias Naturales 
Los museos de Ciencias Naturales tuvieron un gran desarrollo en el siglo XIX, cuando para la ciencia era fundamental la indagación, la clasificación y el registro de las distintas especies, y la discusión de las hipótesis sobre la vida y su evolución. Pueden ocuparse de animales o de plantas, incluir exhibiciones de mineralogía, centrarse en restos fósiles de especies desaparecidas. Algunos están dedicados a la flora o la fauna de la región; otros se interesan por ejemplares de otras zonas

Museos de Ciencia y de Tecnología 
En los últimos años se organizaron salas o instituciones enteras dedicadas a temas de las Ciencias Exactas y Naturales que trabajan sobre la base de materiales interactivos de exhibición, casi siempre diseñados y construidos especialmente para permitir la intervención del público y promover la reflexión sobre determinados fenómenos. Otros museos presentan objetos que ilustran la historia de los desarrollos tecnológicos, o la manera en que funcionan máquinas y aparatos.

Museos de Historia y de Antropología 
Casi todos los museos tienen una mirada histórica sobre su tema, cualquiera que éste sea. Pero algunos están especialmente relacionados con la disciplina de la Historia, aunque puedan ser muy diferentes entre sí. Hay museos regionales que se centran en la historia de una zona. En algunos países, como el nuestro, existe un Museo Histórico Nacional. Estas instituciones suelen presentar un recorrido de hechos históricos que se consideran determinantes para la Nación. Otros museos de Historia enfocan la vida cotidiana y los cambios de las costumbres. Hay casas-museo que presentan el contenido biográfico de un personaje famoso.  Podremos encontrar materiales del pasado precolombino en distintos tipos de museos: históricos, antropológicos, arqueológicos. Los museos de Antropología nos muestran formas de vida de diferentes pueblos o grupos sociales del pasado y del presente.

Museos de comunidad y ecomuseos 
Estos museos se desarrollaron sobre todo en el último tercio del siglo XX y corresponden a un enfoque más democrático y abierto de la cultura. Son el resultado del esfuerzo de una comunidad, que los organiza y los gestiona como expresión de su identidad cultural. Por lo tanto, pueden asumir formas muy diversas. En la década de 1970, esta museología comunitaria se manifestó en Francia con el nombre de ecomuseos y señalaba un reemplazo de tres polos de la antigua concepción de museos –edificio, colección, público– por otros tres: territorio, patrimonio, comunidad. En América Latina son numerosos los museos comunitarios.

Sitios arqueológicos y museos de sitio 
Podemos visitar sitios arqueológicos, en los cuales se han excavado restos de antiguas culturas, de una manera similar a como visitamos un museo. A veces incluyen un lugar para exhibir los artefactos encontrados, denominado museo de sitio.

Museos monográficos
Se refieren a un tema muy específico. Así, encontraremos un museo dedicado a los títeres, a un medio de locomoción o a la historia del traje.

Exposiciones y muchas otras cosas 
A los museos los conocemos especialmente por lo que muestran, tanto en sus exposiciones permanentes como temporarias. La exposición permanente es el ordenamiento habitual de las salas del museo con piezas de su colección. ‘Permanente’ no quiere decir ‘eterna’, aunque muchas veces, al organizar una sala, se piense que es para siempre. Con el transcurrir del tiempo, varían las concepciones de las disciplinas y también los criterios de exhibición, de modo que, aunque con dificultad, las muestras permanentes también se renuevan. Sin embargo, pueden permanecer sin cambios durante muchí- simos años, y representan lo que en ese período la institución considera que es más significativo para transmitir al público. Las exposiciones temporarias son de breve duración –a menudo demasiado breve–, y en algunas instituciones pueden llegar a ser el aspecto más dinámico. Muchas veces presentan piezas que no pertenecen al museo. Permiten profundizar un tema, cambiar la perspectiva, mostrar materiales diferentes. En ocasiones se trata de exhibiciones que vienen armadas desde otra institución, incluso desde otro país. Otras veces, son elaboradas en el mismo museo, utilizando las propias colecciones o pidiendo algunos objetos en préstamo. 

En la actualidad, se acepta cada vez más que las exposiciones no pueden ser una simple sumatoria de objetos sino que deben pensarse como un conjunto coherente, entenderse como un relato, basarse en un guión. 

¿Qué tiene una exposición además de los objetos? 
Carteles pequeños, textos grandes, textos chicos. Esos textos incluyen aclaraciones sobre los objetos o sobre el conjunto de la exposición. En algunos casos, nos resultarán interesantes, significativos y claros. Y en otros, no. Así como aún hay muchos museos que transmiten una sensación de descuido, a menudo también ocurre que la información incluida es ociosa o poco clara. Además de los textos podremos encontrar mapas, gráficas, maquetas y otros recursos para ampliar la información sobre el tema.

En algunos casos, los museos ponen a nuestra disposición publicaciones que profundizan la exhibición: algún desplegable con referencias generales a la muestra, folletos, catálogos. En otros, suele haber servicios de visitas guiadas para grupos escolares, y muchas veces también para el público general. Algunos organizan talleres, en los cuales se realiza un trabajo más profundo sobre un tema. Y también podemos encontrar otras actividades –conferencias, conciertos, proyección de películas y videos, representaciones teatrales, cursos– que pueden resultar tan significativas como las exposiciones. Es habitual que los museos tengan una biblioteca referida a los temas de su disciplina y, en ocasiones, también un archivo documental.

En el museo Podemos ir solos a un museo, aunque es más frecuente ir con amigos, con la familia o con un grupo escolar. Y el museo nos permite una visita libre, a nuestro antojo, o acompañada por uno de sus guías. Hay cosas que podemos hacer en los museos y otras que no. 

En las exposiciones podemos recorrer, mirar, preguntar, pasar de largo, comentar. Pero hay cosas que no están permitidas y que algunos museos prohíben de manera muy antipática, aunque es cierto que tienen buenos motivos para hacerlo. 

¿Qué es lo que está prohibido y por qué? 
En los museos no se pueden tocar las piezas exhibidas, salvo algunas excepciones. No se puede fumar. No se puede comer. No se puede entrar con bolsos. No se pueden sacar fotografías con flash. 

¿Por qué todo esto? 
  • No está permitido tocar las piezas porque un roce repetido las desgasta y la grasitud natural de los dedos –por limpios que estén– las afecta. Esto puede parecer un poco exagerado. Efectivamente, si tocamos un jarrón o una piedra, y miramos qué pasó, no notaremos ninguna diferencia. Pero el problema aparece si muchas personas lo tocan año tras año. Por ejemplo, en la basílica de San Pedro, en el Vaticano, hay una estatua de San Pedro a la que muchas personas devotas le besan el pie. Esa estatua está en ese lugar desde hace varios siglos, y los besos han borrado el modelado de los dedos. Es función de los museos asegurar que los objetos que exhibe duren todo lo posible, y que las personas que vivan en el futuro puedan disfrutar de ellos como lo hacemos nosotros ahora. Por eso no se puede permitir que se toquen, a pesar de que hacerlo es una tendencia general y justificada. En efecto, el tacto es también una manera de conocer los objetos, distinta pero tan interesante como la vista. Por eso, en algunos museos se permite tocar algunos objetos, por ejemplo, en el trabajo con grupos escolares. En esos casos se recurre a réplicas, fragmentos, muestras de materiales. 
  • No se puede comer en las salas porque los restos de comida, por pequeños que sean, atraen insectos y ratones, una amenaza grave para los materiales de muchas piezas de museo: tejidos, papeles, cartones, madera. 
  • No se puede fumar porque el humo perjudica los objetos, sin mencionar los riesgos de incendio. 
  • Tampoco se pueden sacar fotografías con flash porque las luces dañan los colores. Esa es la misma lógica que se tiene en cuenta cuando se utilizan luces de baja intensidad en las exhibiciones. 
  • Como medida general de seguridad, en museos y bibliotecas no se puede entrar con bolsos grandes, porque lamentablemente pueden producirse casos de hurto.
El museo que no vemos 
Hay lugares del museo a los que nosotros, el público, no podemos entrar: los depósitos, los laboratorios, las oficinas, los talleres. ¿Qué hay allí? ¿Qué trabajos se hacen en el museo? ¿Quiénes los hacen? ¿Cómo los hacen? Los museos no tienen en exposición todos los objetos que poseen; los que no están en las salas, se guardan en depósitos. Pero todos estos objetos tienen que estar debidamente documentados. 

A medida que ingresan al acervo del museo se les asigna un número de inventario que sirve para su identificación. Con ese número se confecciona una ficha en la que se consignan una serie de datos: en qué fecha ingresó la pieza al museo, cómo entró (fue comprada, alguien la donó, se obtuvo en una expedición arqueológica...), datos de la historia anterior de la pieza (a quién se la compró, por ejemplo, y dónde había sido obtenida antes). También se incluye información sobre la pieza misma: tipo de objeto, material con que está hecho, medidas, estado de conservación. Si es una pintura, se indica el nombre del autor; si es un objeto industrial, el de la fábrica.

En caso de conocerla, se consigna la fecha o la época de su creación. Los datos varían con el tipo de objeto y con el tipo de museo. En un museo histórico puede interesar saber quién fue el dueño de un objeto; en uno de Antropología, interesará saber cómo se usaba. También se incluye una imagen para facilitar su reconocimiento. Estos datos expresan el conocimiento que hay sobre cada pieza y su contexto, necesarios para organizar las exposiciones y muy útiles para los investigadores. Los museos tenían –y la mayoría aún conserva–, ficheros con la información sobre sus colecciones. 

En la actualidad, esos datos se vuelcan en una computadora. ¿Cómo son los depósitos? ¿O cómo deberían ser? Tienen que ser aptos para asegurar la buena conservación de las piezas. Ningún objeto es eterno, y su duración dependerá en gran medida de cómo lo tratemos. Hay materiales más frágiles que otros o que necesitan condiciones diferentes para perdurar. Por ejemplo, la luz modifica los colores, sobre todo los que son de origen vegetal. Hay condiciones ideales de temperatura y humedad para cada material, pero sobre todo es importante evitar los cambios bruscos. Es necesario preservar los objetos de posibles golpes y rozaduras, protegerlos del polvo, controlar las plagas. Estos cuidados se deben tener en cuenta también en la exhibición y a veces no es sencillo. Ya hemos dicho, por ejemplo, que la luz es perjudicial para algunos materiales; pero, por otra parte, es imprescindible para que los objetos se puedan ver. 


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