Resumen
Al estudio del turismo se destinan desde hace varias décadas ingentes recursos materiales y personales. Se ha convertido en la dedicación de una pléyade de estudiosos de muy desigual nivel de preparación. Lo mismo cabe decir de los centros que se ocupan de desarrollar estos estudios y, como cabía esperar, de las empresas editoriales que difunden los resultados de los mismos. Hay quien cree que esta sobreabundancia de centros y editoriales evidencia que, por fin, ya se ha alcanzado la meta de su cientificación. Los asuntostratados por los estudiososson cada vez más variados. Se diría que se aspira a crear un mundo que refleje y duplique el mundo convencional. No es de extrañar por ello que si existe la filosofía se ofrezca en paralelo una filosofía del turismo y, por idénticas razones, una biología del turismo o una arqueología del turismo. Y así en todos los demás aspectos en los que se diversifica el mundo. Entre ellos ha surgido hace pocos años la eventual necesidad de una metodología del turismo y una epistemología del turismo. Sobre ambas cuestiones, se pronuncia el presente trabajo
Al estudio del turismo se destinan desde hace varias décadas ingentes recursos materiales y personales. Se ha convertido en la dedicación de una pléyade de estudiosos de muy desigual nivel de preparación. Lo mismo cabe decir de los centros que se ocupan de desarrollar estos estudios y, como cabía esperar, de las empresas editoriales que difunden los resultados de los mismos. Hay quien cree que esta sobreabundancia de centros y editoriales evidencia que, por fin, ya se ha alcanzado la meta de su cientificación. Los asuntostratados por los estudiososson cada vez más variados. Se diría que se aspira a crear un mundo que refleje y duplique el mundo convencional. No es de extrañar por ello que si existe la filosofía se ofrezca en paralelo una filosofía del turismo y, por idénticas razones, una biología del turismo o una arqueología del turismo. Y así en todos los demás aspectos en los que se diversifica el mundo. Entre ellos ha surgido hace pocos años la eventual necesidad de una metodología del turismo y una epistemología del turismo. Sobre ambas cuestiones, se pronuncia el presente trabajo
Una inquietante cuestión, el turismo
“La noción de turismo es tan compleja como
definir el color del viento” (Notion complexe
que celle du tourisme: couleur de vent). Con
esta lapidaria frase expresó genialmente
Paul Ossipow, en 1951, uno de los tópicos
más queridos por los turisperitos, el de que
el turismo es una realidad sumamente compleja,
inasible y escurridiza. La frase alude
con ironía a que el turismo resulta indefinible
desde la doctrina convencional, que Ossipow
criticaba acertadamente, lo que le costó la
solemne e inmerecida reprimenda del guía
de entonces en la materia, el suizo Kurt
Krapf (1954).
La frase de Ossipow continúa así: “Un día se
acuerda ver en él una ciencia y al día siguiente
se le ve como un mero hecho, un conjunto de
actos. Y es que el turismo es las dos cosas a
la vez, pues el turismo es un fenómeno que
consiste, esencialmente, en los desplazamientos
humanos cuya repetición, frecuencia e
importancia han terminado por dar lugar a
su estudio sistemático y objetivo” (Ossipow,
1951, pp. 71-73).
Ossipow denunciaba hace más de medio siglo
la desorientada y confusa actitud por parte de
los estudiosos, los cuales explicaban entonces,
y siguen explicando hoy, el turismo por
medio de un abigarrado corpus de doctrinas
que se han ido acumulando desde finales del
siglo XIX. El turismo sigue siendo entendido
básicamente como lo que hacen los turistas,
pero la noción de turista se ha manoseado tanto
que, a la postre, sigue quedando confusa.
La cosa no queda aquí, porque los estudiosos
también llaman turismo a todo aquello que se
relaciona de cualquier forma con los turistas,
sean estos lo que sean, desde los medios de
hospitalidad hasta los medios de transporte,
desde los museos hasta los lagos, desde los
eventos hasta las ruinas de la Antigüedad, es
decir, a todo ese variopinto conjunto de cosas
que se comportan como facilitadoras o incentivadoras
de las visitas.
En la costumbre de designar con el sustantivo
turismo a las realidades citadas radica en gran
parte las razones que llevan a los turisperitos
a insistir incansablemente en la supuesta
complejidad extrema de la realidad estudiada
bajo lastres dimensiones citadas. Unas veces,
como dice Ossipow (1951), se refieren a los
hechos y otras a su interpretación. No se percatan
de que, como enseña Karl R. Popper
(1994), la realidad consta de tres mundos
diferenes: el de los cuerpos físicos, el mundo
1; el de los sentimientos o estados mentales,
el mundo 2; y los constructos de la mente, el
mundo 3, esas poderosas herramientas, las
teorías, de que dispone el hombre para explicar
y transformar el mundo. Cada uno de esos
mundos puede ser estudiado en sí mismo y al
margen de los otros.
¿Quieren una prueba de que con el nombre
turismo los turisperitos aluden al corpus
teórico antes que a la realidad? Basta con
aducir que para ellos el turismo existe desde
que existe la palabra turismo. Deben pensar,
como en la Biblia, que en el principio era el
verbo.
Quiero decir que antes de que surgiera la
palabra turismo no podía haber turismo. En
algo llevan razón quienes así piensan, y eso es ya una pista que merece ser roturada. Como
sabemos, con el vocablo turismo aludimos
a un fenómeno social, un fenómeno que se
manifiesta por medio de la masificación de
los viajes de placer. Por turismo entendemos
esa masificación. Antes fue el tour y después
el turismo como realidad social y como realidad
económica. No obstante, ello no les
impide a los turisperitos ni al hablante decir
que una persona que hace un viaje de placer
hace turismo. Deberíamos decir que participa
del turismo, porque quien hace turismo es un
colectivo, nunca el individuo.
La cuestión radica, pues, en indagar desde
cuándo se hacen viajes de placer de forma masiva
dando lugar a la aparición de un fenómeno
nuevo. Entre las respuestas a esta cuestión las
hay para todos los gustos. Hay quien sostiene
que el turismo tiene la edad de la especie humana.
Los que así piensan creen que el turismo
consiste en desplazarse por el territorio y que
desde sus comienzos el hombre se mueve por
el territorio por numerosos motivos, entre ellos
el del placer. Otros autores, como Maximiliano
Korstanje (2008), conciben que vincular
al turismo con la movilidad es un legado cultural
de la mitología nórdica, ese conjunto de
relatosfantásticos que reflejan las costumbres
de los pueblos paganos. Según Korstanje,
“cualquiera se puede divertir (tomar distancia
en un viaje), incluso en uno antropológico,
pero eso no es turismo. El turismo tiene tres
elementos: a) desplazamiento normativo con
fines lúdicos, b) hospitalidad, y c) retorno”
(Korstanje, 2008; Thirkettle & Korstanje,
2013; Korstanje, 2012).
“El ocio [sigue Korstanje] es un proceso
de ruptura y el turismo era parte del ocio. El
Grand Tour era muy parecido a lo que hoy es
un viaje de egresados, un ritual de pasaje que
marcaba la madurez del soberano. Tenía los
tres elementos del turismo: desplazamiento
lúdico, hospitalidad y retorno. En los viajes
de negocios solo responde a la necesidad de
segmentar un mercado. No una naturaleza
nueva de desplazamiento” (Korstanje, 2011;
2012).
La aparición del vocablo turismo en la segunda
mitad del siglo xix ha conducido a sostener
que el turismo existe desde entonces. Hay
posturas másradicales, entre ellas merece ser
citada la del sociólogo francés J. Dumazedier
(1968), para quien el turismo es un fenómeno
social muy reciente, tanto que no aparece
hasta la segunda mitad del siglo XX. Y es que
el tour (el viaje de placer con vuelta al origen)
es anterior al turismo (la generalización o
masificación de los viajes de placer). El tour
(viaje de ida y vuelta) existe desde hace cuatro
o cinco mil años, y coincide con el nacimiento
de las ciudades; pero el vacacionismo tardó en
masificarse y es muy reciente, quizás no tanto
como sostiene Dumazedier, pero podríamos
remontarlo a mediados del xix, coincidiendo
con la creación de la agencia de Thomas
Cook. Por esta razón no es correcto hablar,
como es frecuente hoy, de turismo espacial
por el mero hecho de que se hayan empezado
a ofrecer viajes de placer a 100 km de distancia
de la Tierra. Para que estos viajes se masifiquen
tendrán que pasar algunos años, tal
vez tantos como los que han tenido que pasar
para que haya turismo terrenal.
¿A qué se refieren los turisperitos cuando
dicen que el turismo es una cuestión presentada
como algo tan extremadamente complejo
e indefinible que Ossipow lo comparó
irónicamente con el color del viento? ¿Llama la turispericia turismo a los desplazamientos
masivos de placer, a los que deberíamos llamar
mejor vacacionismo? ¿O se refieren al
corpus teórico acumulado por aluvión desde
finales del siglo xix, lo que los lleva a blasonar
que ya se ha alcanzado su plena cientificación,
que hay una nueva ciencia específica,
autónoma e independiente de las demás a la
que llaman turismología? Porque sise refieren
a los hechos, es decir, a la realidad, no cabe
duda de que su presunta complejidad varía
de nula a inconmensurable. Nula, porque esa
realidad nos puede entrar por los ojos y por
ello nos puede parecer tan clara como el agua
o tan incolora como el viento. Pero es que
también nos puede parecer inconmensurable
si aspiramos, como propone la turispericia, a
explicarla holísticamente, tratando de indagar
por qué el hombre aspira a divertirse cambiando
estacionalmente de lugar, o por qué siente
curiosidad por lo exótico, pintoresco, extraño
o misterioso. Cuestiones todas ellas que, en
efecto, son de difícil tratamiento.
El turismo como realidad fenoménica es, sin
duda, un mundo extremadamente complejo,
como toda realidad es compleja, y más aún
si esa realidad que pretendemos conocer es
social como lo es el turismo. Pero el turismo,
como interpretación teórica y sistematizada,
no tiene por qué ser complejo, si es que se
atiene a las reglas establecidas para la construcción
de una interpretación tan sólida como
sea posible para ponerlo al servicio de las necesidades
humanas. Ha sido el academicismo
galopante, que se ha adueñado de la investigación
de esta parcela de la realidad social,
desde los años treinta del siglo xx, lo que lo
presenta como una realidad compleja cuando
lo complejo es el corpusresultante de una investigación
encorsetada, la cual no busca la
utilidad de la explicación, sino la construcción
de tantas explicaciones como disciplinas se
cultivan en los centros universitarios.
Los investigadores se enfrentan al turismo
como si fuera el reflejo del mundo con todas
sus dimensiones y complejidades. De aquí
que el turismo tenga su filosofía, su biología,
su antropología, su arqueología, su economía,
su sociología, su geografía, su historia, su
psicología… hasta su medicina. Basta echar
un vistazo a la bibliografía disponible o al
currículo de cualquier centro de enseñanza
para percatarse de ello.
El egresado en turismo estudia todas esas
disciplinas y algunas más, como el marketing,
la contabilidad y la dirección de empresas,
siendo verdaderamente milagroso que existan
en este campo tan buenos y excelentes profesionales
a pesar de haber ingerido una dieta
disciplinaria tan indigesta. Con una visión
más acorde con los hechos y con las necesidades
humanas, la interpretación del turismo
puede ser perfectamente manejable, definible,
entendible y practicable, porque partiendo de
un nivel menos ambicioso, esa interpretación
debe aspirar a ser perfectible ateniéndose al
rigor científico. Si así se cultiva, el resultado
nunca será como el inasible color del viento
de Paul Ossipow (1951). Sobre eso trata
la epistemología, sobre la mayor o menor
adecuación de la interpretación teórica a la
realidad. De eso y no de otra cosa se trata y
de eso vamos a hablar.
Los orígenes del turismo
Comencemos por reflexionarsobre los orígenes
del turismo, aun a costa de repetir algo que
de puro sabido se olvida a menudo. Diremos
una vez más que turism es un neologismo
inglés derivado de tour, palabra que a su vez
deriva del latín tornare, que significa volver.
En el siglo xviii los ingleses de las clases
altas usaban el francés, idioma de la nación
que entonces era la primera potencia mundial
tanto política como económica y culturalmente.
El francés era, y aún sigue siendo hoy,
aunque menos, el idioma de la diplomacia.
Era también el idioma de los ciudadanos más
cosmopolitas en un mundo que había elevado las costumbres y la proverbial elegancia de la
France a indiscutido paradigma de la distinción
y el buen gusto.
La nobleza inglesa usaba el verbo to tour con
el significado de viajar y el sustantivo tour
con el significado de viaje. Bien entendido
que no se hacía referencia a cualquier viaje
sino a aquellos viajes de los nobles como actividad
inherente a su peculiar estatus social,
diferenciado del estatus del pueblo llano, pero
tan rígido y exigente como este.
Quiere decirse que con tour no se referían a
los viajes de las clases trabajadoras (negociosas),
que eran de cariz utilitario, sino a los
propios de las clases ociosas (las no trabajadoras).
Habida cuenta de que las actividades
de las clases ociosas no eran utilitarias, los
hablantes las consideraban placenteras, sobre
todo cuando la nobleza entró en un proceso de
degradación galopante. De ahí que sus viajes
fueran tenidos por la sociedad como los de
placer por antonomasia, unos que no estaban
en absoluto al alcance de los demás.
Y, dado que en el siglo XVIII la población inglesa
en particular, y la europea en general, tenía
ya a sus espaldas milenios de un sedentarismo
cada vez más urbano, por tour se llegó a
entender, en coherencia con la etimología del
vocablo, un viaje circular o redondo, es decir,
un viaje de ida y vuelta, y, en coherencia con
la alta condición social de quienes viajaban sin
motivos utilitarios, un viaje por placer. Así se
explica que cuando apareció el derivado de
tour, turism, este se aplicara exclusivamente a
los viajes considerados como de ocio, a pesar
de que, para entonces, el ocio había desaparecido
ya del panorama social de los países industrializados
para dejar paso, en su lugar, a un
simulacro de ocio, al que resultamás adecuado
llamar tiempo libre, libre de las obligaciones
del trabajo productivo y de los negocios.
Los nobles que hacían un tour salían de su
residencia habitual para volver más pronto
que tarde al lugar de partida. Tour alude, pues,
como venimos diciendo, al viaje con regreso
que se hacía para realizar el tipo de actividades
propio de su estatus social: las relaciones
sociales, el deporte de la caza, asistir a fiestas
palaciegas, visitar a otros nobles. ¿Era turismo
lo que hacían los nobles? Para responder
a esta pregunta es menester hacer otra. ¿Eran
masivos los viajes de los nobles? Porque si
sus viajes no eran masivos no podían constituir
turismo. Por no ser masivos no existía
aun una respuesta mercantil, consistente en
la aparición de negocios orientados a facilitar
esos viajes con fines lucrativos. Los nobles
viajaban en sus propios vehículos, iban
acompañados de un séquito de sirvientes y
se alojaban en las mansiones de sus iguales.
De modo y manera que no solo no existía el
turismo por parte de la demanda, sino que
tampoco lo había por parte de la oferta de
servicios facilitadores.
Obviamente, el tour es un tipo de viaje que
solo lo pueden hacer los pueblos sedentarios,
ya que el sedentarismo es condición necesaria
para que tales viajes puedan hacerse. La cultura
sedentaria surgió como consecuencia de la
revolución agrícola que tuvo lugar hace diez
o doce mil años. Digamos también que si bien
tal condición fue necesaria para que apareciera
el turismo, no fue en absoluto suficiente para
su insurgencia, ya que los viajes con vuelta
exigen disponer de recursos abundantes, tanto
que pueden dejar excedentes asignables a la
satisfacción de otras necesidades después de
quedar cubiertas las necesidades vitales.
¿Cuándo hubo pueblos lo suficientemente
ricos como para viajar a lugares distantes y
volver al origen? Dar una fecha plausible no
esfácil, pero sí que podemos pensar que pudo
ser a partir del surgimiento de las primeras
ciudades, núcleos densamente poblados y
por ello dotados de clases gobernantes que
tenían a su disposición crecientes recursos
que existían gracias al trabajo de las clases
negociosas
Nuestra hipótesis consiste en suponer que
los miembros de las clases ociosas fueron los
primeros que hicieron viajes de ida y vuelta,
unos viajes que haríamos bien en suponer que
fueron en primer lugar incursiones armadas
en otros territorios en procura de recursos
inexistentes en el propio, tan valiosos como
escasos para cubrir sus necesidades, generalmente
de lujo. Se trataría, pues, de desplazamientos
con fines bélicos o de conquista
durante siglos, desplazamientos que bien pudieron
dar paso mucho después a viajes con
fines diplomáticos y, finalmente, a viajes
comerciales (inport-export). Sin embargo,
erraríamos si dijéramos que el turismo existe
desde que hay ciudades, es decir, desde hace
unos cinco mil años.
Como ya hemos dicho, había tour pero no
tourism. Se hacían viajes de ida y vuelta, pero
durante milenios ni fueron masivos ni se
realizaron durante el tiempo libre que dejan
las actividades productivas. Estos viajes solo
aparecieron como consecuencia de la riqueza
generada por las sucesivas revoluciones
industriales y las posteriores revoluciones
sociales que dignificaron a las clases trabajadoras.
La demanda, pues, con su desarrollo
propició la aparición de negocios dedicados
a satisfacer las nuevas necesidades. Porque
es obvio que antes no existía una respuesta
comercial significativa que diera servicios
comerciales de transporte y hospitalidad.
Las primeras empresas que surgieron fueron
las de carruajes y las casas de postas, algunas
de las cuales prestaban servicios de transporte
y hospedaje. La ausencia primero y
después la escasez de servicios facilitadores
que ofrecieran niveles de calidad aceptables
fue la tónica durante muchas décadas. Hubo
que esperar a mediados del XIX para que el
transporte ferroviario viniera a revolucionar
de forma drástica los desplazamientosterrestres.
La nueva oferta vino acompañada de
una demanda creciente de viajeros, la cual
dio pie al surgimiento de nuevos y mejores
establecimientos dedicados a dar servicios
de hospitalidad. Por ello estamos en condiciones
de afirmar que hay tourism a partir
de mediados del siglo XIX en el sentido de
fenómeno social, no en el de actividad personal,
condición a la que haremos referencia
más adelante.
Dos cuestiones previas sobre el
turismo como fenómeno social
El turismo es cultura y forma parte
de la cultura
Turismo y cultura son uno de los muy abundantes
binomios que podemos encontrar en la
ingente y tumultuosa literatura que desde hace
décadas se escribe sobre el turismo. Tanto se
abusa de él que para algunos el turismo es cultura
y la cultura es la esencia del turismo. Ya a
mediados del siglo xx, los suizos Hunziker y
Krapf (1942)sostuvieron sin pestañear que el
estudio del turismo es en realidad una sociología
de la cultura. Tal vez lo consideraron así
porque para entonces la inmensa mayoría de
los turistas hacía turismo para visitar monumentos
y ruinas de la antigüedad y no como
acontece ahora, para bañarse y dorarse en las
playas del Mediterráneo o del Caribe.
En este contexto no es mala idea preguntarse
qué entendemos por cultura, porque no parece
que se trate de un concepto claro. Hay
un concepto periodístico de cultura según
el cual los espectáculos musicales son manifestaciones
culturales, como también lo
son el teatro, la ópera, las exposiciones de
pintura o de escultura, o incluso las obras de
la arquitectura. Para el vulgo, cultura es cine,
teatro, espectáculos y poco más. Se trata de
un concepto reduccionista de uso habitual
en prensa, radio, televisión e Internet. Pero
nosotros sospechamos que cultura es algo
más. Para nosotros cultura es un concepto
más amplio y también más noble, aunque sea
más ignorado.
Ante todo digamos que la cultura es la seña de
identidad del hombre como especie diferenciada.
Como dice el filósofo español Emilio
Lledó (2013), “no hay, tal vez, un término
que caracterice tan radicalmente a la vida humana
como la palabra ‘cultura’. Hay, por supuesto,
una realidad, un concepto previo, base
de todo el desarrollo cultural: el lenguaje. Sin
él no crece ni se desarrolla la cultura”. Para
Lledó, el hombre es el animal que habla, y
habla porque tiene capacidad de abstracción.
Y porque tiene capacidad de abstracción es
capaz de representarse mentalmente lo que
ve, lo que observa, lo que siente, lo que oye,
lo que toca.
La realidad entra en los animales por medio
de sus sentidos, pero solo el hombre, gracias
a su lenguaje, es capaz de interpretarla y de
comunicarla a los demás. “En esa manera
de ver las cosas, de sentirla, de articularlas
y comunicarlas consiste la cultura”, piensa
Lledó, una palabra, seguimos citando al pensador,
“al menos en la tradición latina que nos
la ha entregado, significa ‘cultivo’, ‘trabajo’,
‘labor, ‘beneficio de la tierra”.
Pero cultura, además de cultivo de la naturaleza
tierra, es cultivo de la naturaleza humana,
es transformación del hombre que habla, el
cual “es el principio y origen de la cultura”
(Lledó, 2013), de modo que volvemos a
la idea inicial, la de que la cultura define al
hombre, la de que la cultura es un producto
humano. Y de que ha sido por obra y gracia
de su trabajo en la naturaleza, en la inanimada
y en la animada, por lo que existe el hombre
como especie diferenciada y mentalmente
(culturalmente) en evolución. Porque “la
naturaleza humana empezó siendo un campo
que requería, en el estadio original y primero
de su existencia, la siembra y las semillas adecuadas”,
como sostiene el ya citado Lledó,
que continúa diciendo:
De ahí el genial invento de la paideia, de la educación. Paideia era un sustantivo relacionado con el verbo paideuo, ‘nutrir’, y sobre todo ‘educar’, ‘enseñar’ ‘instruir’ […] En los seres humanos, el territorio de la siembra y del cultivo tiene una restricción esencial, la tierra nodriza es, sobre, todo, nuestro cuerpo, la naturaleza, la materia, la carne, el organismo que somos. […] Es imprescindible una nueva reflexión sobre eso que hemos convertido en palabra usual y, en todo caso, cada vez más lejana: la cultura como fuerza educadora, transformadora, alentadora, esperanzadora (Lledó, 2013, pp. 22-28).
Seamos coherentes con tan certeras reflexiones
y llamemos cultura al proceso transformador
de la naturaleza, de toda la naturaleza,
incluido el mismo hombre, ese animal racional
dotado de lenguaje, imaginación y razón
que se hace a sí mismo al tiempo que transforma
su entorno.
El filósofo José Ortega y Gasset (2012) lo
expresó con una brevedad certera: el hombre
no tiene naturaleza, tiene historia. Digamos
amparados en él que la historia junto con la
cultura es la segunda naturaleza del hombre.
¿O tal vez la primera?
Pero evitemos excluir lo negativo, lo perverso,
lo malo. No seamos maniqueos. Evitemos
la tentación de reducir el mundo a la cristiana
virtud de la eutrapelia.
La cultura es todo lo que el hombre ha creado
y transformado y ha puesto a su servicio. Ha
creado un aparato productivo al servicio de
sus necesidades. Ha creado instituciones al
servicio de su vida en sociedad. El continuo
desarrollo de sus primeros eslabones ha conducido
a la satisfacción de sus necesidades y a
la creación de otras para mantener en marcha
las instituciones sociales y el aparato productivo.
El hombre es el ser más evolucionado de
la naturaleza y, por ende, la renueva porque la
producción se paralizaría sin el aliciente del
consumo. La especie humana es la especie mejor dotada para el consumo (Bataille,
1962). El aparato productivo está al servicio
de las necesidades, pero sin las necesidades
no habría aparato productivo. La obsolescencia
programada es un artilugio entre otros al
servicio del mantenimiento del aparato productivo
al que necesitamos y que nos necesita.
Pero no solo se echa mano de la obsolescencia
programada como fórmula eficaz para
destruir lo producido a fin de que deje lugar
para que tenga sentido la nueva producción.
Hay otras opciones encaminadas a la destrucción
de riqueza. Tenemos las guerras, el
lujo, los duelos, las huelgas, la sexualidad
no reproductiva, la castidad, las distracciones,
el deporte, el entretenimiento, los vicios
privados (de Mandeville, 1982), las epidemias,
la drogadicción (Bataille, 1962). En
definitiva, tenemos el consumo, es decir, el
consumismo como fenómeno social propio
de las sociedades opulentas. El consumo,
pero no solo de bienes y servicios de primera
necesidad, sino también de aquellos bienes
y servicios que empiezan siendo de lujo y
terminan siendo vitales, siendo sustituidos
por nuevos bienes y servicios de lujo en un
proceso continuo.
¿Y no es el turismo una forma de consumo
como sostienen los turisperitos desde hace
siglo y medio?
Una introspección en la literatura acumulada
dedicada al turismo insiste tanto en la dimensión
consumista del turismo que no ve otra
hasta el punto de olvidar la dimensión productiva
a la que ayuda a sostener. El turista
para la turispericia es un consumidor y nada
más que un consumidor, más aun, el turista
es el paradigma del consumidor. Y, como
todo consumo exige la producción en tanto
que, de momento, ignoramos quién produce
el turismo, los turisperitos han resuelto el
enigma postulando que es el turista quien
produce el turismo al mismo tiempo que lo
consume.
Pero no adelantemos acontecimientos. De
momento nos quedamos con la idea de que
el turismo es una actividad de consumo y el
turista, un agente meramente consumidor.
Dicho de otro modo: para la turispericia el turismo
es una actividad de consumo que nació
como un componente propio de la cultura y
como un instrumento al servicio de la cultura.
El turismo es economía y forma parte
de la economía
La economía, como el turismo, tiene dos
dimensiones. Una es la realidad y otra es su
interpretación. Al margen de que la realidad,
como sugieren algunos, es mera interpretación,
un constructo del cerebro humano, lo
cierto es que unas veces llamamos turismo
y economía a sendas parcelas de la realidad
y otras a las disciplinas que se constituyen
con las aportaciones de quienes las estudian.
Si se afirma que el turismo es una forma de
consumo, como queda dicho, y el consumo es
una actividad que forma parte de la realidad
que estudia la economía, podemos concluir
que el turismo es una actividad económica y,
por tanto,su estudio es objeto de la economía.
El turismo como disciplina cultivada por la
turispericia estudia la realidad turística con
una visión centrada en el turista, el cual, como
hemos dicho, se caracteriza por producir
turismo en el mismo acto de su consumo (hacerlo
o realizarlo). Como explicación, no cabe
duda de que los turisperitos han aportado una
fórmula sin duda ingeniosa y admirable para
poder mantener su visión subjetiva del turismo
con una coherencia aparentemente sólida,
puesto que cuadran el círculo sosteniendo
que, si bien todo consumo exige producción,
en el caso del turismo se trata de dos actividadessincrónicas,
cuando las demás actividades
de consumo son posteriores a las actividades
de producción.
Desde 1988 venimos denunciando esta grave
anomalía en la disciplina convencional del turismo. Una anomalía que se mantiene
en la medida en la que la visión conceptual
convencional define los bienes y servicios
turísticos como aquellos que son consumidos
por los turistas, elevándolos a la condición
del nuevo rey Midas que todo lo que toca lo
transustancia en turístico. Para Hunziker y
Krapf (1942), el turismo es una disciplina
híbrida de sociología y economía, más cercana
a la sociología que a la economía. Su gran
manual de 1942 consta de nueve capítulos,
pero,sorprendentemente, el más voluminoso
es el noveno, el que se dedica a la economía
del turismo.
El capítulo nueve ocupa más de la mitad de la
obra. Aun así, los citados economistas suizos
no dejaron de sostener que el turismo essobre
todo sociología y, afinando más, sostuvieron
que el turismo debe ser estudiado como una
sociología de la cultura. Todos los turisperitos
que les siguieron hasta nuestros días elevan a
la categoría de ley indiscutida e indiscutible
que el turismo es parte de la sociología. Hoy
podriamos decir que, en la medida en que el
turismo es cultura y forma parte de la cultura,
la antropología cultural es la ciencia que debería
ocuparse del conocimiento del turismo,
sobre todo la subespecie que se conoce como
antropología económica.
La antropología cultural se ocupa de estudiar
las instituciones sociales de los diferentes
pueblos que vivieron en el pasado y también
de los que viven en el presente.
La antropología
cultural, también conocida como social,
es la rama de la antropología que centra su
estudio en el conocimiento del ser humano
por medio de sus costumbres, relaciones sociales
y con su entorno, estructuras políticas
y económicas, urbanismo, medios de alimentación,
salubridad, creencias y ocupación del
tiempo libre.
La antropología, como la sociología, es una
ciencia empírica basada en la observación
de la realidad objeto de estudio, que se basa
más en descripciones que en elucubraciones
teóricas. La antropología cultural no suple la
tarea propia de las ciencias económicas y por
esta razón hay antropólogos culturales que
son también excelentes economistas, como es
el caso de Maurice Godelier (1969), para
quien en las sociedades primitivas las relaciones
de parentesco funcionan como relaciones
de producción, relaciones políticas y esquema
ideológico.
La antropología cultural toma mucho del pensamiento
de Marx y Engels y destaca en sus
investigaciones el papel del modelo de producción
hegemónico en cada sociedad. Esta
es la razón de que hoy tengamos antropólogos
que se ocupan del turismo en la medida en la
que, como hemos dicho, es una institución
cultural relacionada con la recreación y el uso
del tiempo libre.
En definitiva, el turismo es economía y forma
parte de la economía. Es economía porque
los turistas son agentes económicos que son
productores y son consumidores, los cuales,
gracias a la dignificación del trabajo, han
conseguido que en su contrato de trabajo se
les reconozca el derecho a tener un período
de tiempo de vacaciones remuneradas, un
período de tiempo durante el que dejan de
ser productores para dedicarse a ser solo
consumidores de bienes y servicios fuera de
su lugar de residencia, lo que implica que
consuman programas de estancia con contenido
(Muñoz de Escalona, 1988, 1991,
2011, 2013).
Pero aún hay más: ese consumidor desplazado
que es el turista, es un agente económico cuya
propensión al consumo en su lugar de residencia
experimenta un aumento significativo
cuando se encuentra fuera del mismo. Nadie
se ha dedicado todavía a investigar con ayuda
de la econometría este efecto del turismo en
la propensión marginal al consumo. Urge que
se llegue a cuantificar en tantos casos como
sea necesario para confirmarlo. Entre tanto, podemos suponer que el turismo no solo es
consumo, sino que también incrementa el
consumo y, por ende, la producción. En definitiva,
el turismo implica nuevas necesidades,
las cuales están al servicio de mantener y fomentar
el sistema productivo, cuyo desarrollo
se pone al servicio del sistema consuntivo en
un proceso que se realimenta sin fin. O con
el fin de que fije la necesaria conservación de
la naturaleza.
Una nueva cuestión inquietante, la epistemología
del turismo
El turismo, como todo fenómeno social, es
sin duda multidimensional. Partiendo de esta
base, es habitual en la comunidad internacional
de turisperitos propugnar la imperiosa
necesidad de estudiarlo con ayuda de todas las
ciencias sociales disponibles. Una, la sociología,
se ocupa de investigar las relaciones que
surgen entre los visitantes y los visitados, un
tema de investigación de naturaleza empírica
y casuística a partir de cuyos resultados no es
posible inducir leyes de validez universal. Lo
mismo acontece con la geografía, disciplina
que estudia la innegable dimensión espacial
del turismo, tanto del colectivo humano que lo
practica como de los prestadores de servicios a
dicho colectivo. Y no digamos la historiografía,
y, por supuesto la antropología, ciencias
todas ellas basadas en estudios de casos cuyas
conclusiones no pueden aspirar a ser de aplicación
general, como muy bien demuestran
las aportaciones de Popper (1998) sobre la
incapacidad de la inducción de cara a la construcción
de fundamentos científicos sólidos.
Con respecto a la declaración de intenciones
de El ldo. Korstanje, lo primero que podemos
comentar es que para responder de forma
minuciosa a sus afirmaciones se necesita
disponer de mayor espacio del usual en un
ensayo monográfico breve. Empecemos por
el párrafo final. El ldo. Korstanje sostiene
de forma contundente que
es necesario crear (fundar) una nueva
epistemología del turismo que contemple
cuestiones antropológicas, sociales, psicológicas
y sobre todo arqueológicas e histó-
ricas. Partiendo de la base de que el “hecho
turístico” denota una gran importancia para
las estructuras culturales de las diferentes
sociedades, invitamos al siguiente número
especial [de esta revista] a autores, investigadores
y estudiantes preocupados por
cuestiones epistemológicas y metodológicas
del turismo. (s.p.)
Lo primero que se nos ocurre es preguntar por
la existencia de la epistemología del turismo.
Si existe, ¿cómo es?, y a continuación, ¿cuá-
lesson sus aportaciones? Es másfácil responder
a la segunda pregunta que a la primera,
pero es obvio que después de responderla,
también habremos respondido implícitamente
a la primera. Como veremos más adelante, la
epistemología no se ha ocupado aún de enjuiciar
el corpus teórico del turismo. De aquí
que tengamos que afirmar que la respuesta a la
primera pregunta no puede ser más que negativa.
Aclaremos que el campo epistemológico
existe, lo que aún no existe es su plena aplicación
al turismo. Las anomalías científicas que
pesan sobre el turismo desde sus orígenes allá
por el último tercio del siglo xix se explican
por esta ausencia.
El mismo editor nos pone en la pista certera
para reflexionar sobre la segunda pregunta
con estas palabras:
en los últimos años, el estudio sistemático del turismo ha producido un corpus de saberes interdisciplinario que puede observarse en la cantidad de tesis de doctorados, masters, revistas (casi 200 en la actualidad según ciret) e instituciones, empero ha fallado para construir un corpus disciplinario científico. (Monterrubio, 2011)
Obviamente, si el turismo se concibe como
un fenómeno multidimensional, lo lógico es que el corpus de saberes que lo toma como
objeto de estudio sea también interdisciplinar,
o, mejor, multidisciplinar. Y así acontece, en
efecto. Y, para constatarlo, basta con echar
una somera ojeada a la abundante bibliografía
acumulada desde fines del xix a la actualidad,
o al esquema curricular de cualquier centro
académico dedicado a impartir los conocimientos
aportados por ella.
Hay en el stock bibliográfico disponible obras
de sociólogos, geógrafos, historiadores, antropólogos,
especialistas en marketing, economistas
y hasta, últimamente, de biólogos,
medioambientalistas, museólogos, expertos
en deportes, arquitectos, publicistas, gastró-
nomos, expertos en organización de eventos,
expertos en parques temáticos y, como suele
decirse, un más que un largo etcétera que no
parece tener fin, ya que la serie de estudiosos
es de esperar que siga aumentando si nadie lo
remedia en el futuro inmediato. Habrá quien
piense, como es el caso de Jafar Jafari, que
esto es altamente positivo, tanto que es considerado,
por raro que pueda parecer, como
un indicador de su indudable cientificación.
Lo refleja con claridad esta frase de nuestro
editor:
[el estudio sistemático del turismo ha producido un corpus de saberes interdisciplinarios provocado] en parte por la carencia de un objeto específico de estudio y en parte por la falta de una metodología unificadora. Durante mucho tiempo, los turismólogos [sic] han creído erróneamente que el grado de maduración de una disciplina depende de la cantidad de investigaciones en determinado tema. Entre ellos se encuentra sin duda el citado Jafari.
Pero volvamos al texto del editor de este
número de la revista Turismo y sociedad, y
transcribámoslo completo, ya que dicho texto
es más que una simple invitación para adentrarse
en el meollo de la cuestión. El ldo.
Korstanje expone en él lo que sigue:
El turismo como hoy lo conocemos es una
institución que representa la respuesta cultural,
en una sociedad compleja e industrial, a
la necesidad de tomar distancia y distraerse.
Nuestra postura no solo complementa el
legado del padre de la antropología cultural
[B. Malinowski],sino que ademásfocaliza
en aspectos que no han sido aún abordados
por los cientistas sociales que se dedican a
estudiar el turismo. La comprensión del turismo
como una institución cultural y social
que a lo largo de los años, y dependiendo de
las organizaciones políticas y sociales ha
tomado diferentes formas, se corresponde
con elaboración de una teoría científica que
permita estudiar los diferentes sistemas
oníricos de cada sociedad, sus elementos
y su complicidad con otras partes de la estructura
social. En otras palabras, una nueva
epistemología del turismo como hecho
social, único y comparable a sociedades no
occidentales y/o civilizaciones extintas. Si
en el siglo xv a este acto de descanso se lo
llamaba viaje, en lugar de viaje turístico,
sólo aplica a una cuestión de forma pero no
de sustancia. Aun cuando el término turismo
sea más o menos novedoso, no rastreable a
laAntigüedad, existen indiciosimportantes
por medio de los cuales se han observado
formas de viajes recreativos, ordenados y
legalizados por el poder estatal que ameritaban
sus respectivos retornos. Los romanos
antiguos habían tejido toda una serie
de carreteras, impuesto formas legales de
descanso (feriae), para fomentar los viajes
a familiares o por esparcimiento (Paoli,
1975). Nuestro etnocentrismo como modernos
radica en pensar que nuestras prácticas
son únicas de nuestro tiempo y no han sido
seguidas por otros grupos humanos (s.p.).
Por otro lado, en los últimos años, el estudio
sistemático del turismo ha producido un corpus
de saberes interdisciplinario que puede observarse
en la cantidad de tesis de doctorados,
másters, revistas (casi 200 en la actualidad
según ciret) e instituciones, empero ha fallado para construir un corpus disciplinario científico
(Monterrubio, 2011). En parte, por la carencia
de un objeto específico de estudio, y en parte
por la falta de una metodología unificadora.
Durante mucho tiempo los turismólogos [sic]
han creído erróneamente que el grado de maduración
de una disciplina depende de la cantidad
de investigaciones en determinado tema.
El psicoanálisis,sin ir máslejos, [un] caso que
refuta ese pensamiento, se ha consolidado en
apenas 15 años, mientras otras disciplinas como
el Management o el turismo llevan varias
décadas produciendo material inconexo, sin una
metodología fija (Muñoz de Escalona, 2010;
Castillo y Panosso, 2010;Korstanje, 2008;
2011; Thirkettle & Korstanje, 2013).
Si se nos pregunta qué estudia la sociología,
responderemos las normas sociales, lo mismo
ocurre con la psicología respecto a la personalidad,
o la antropología con la cultura. Empero
¿qué estudia el turismo?, ¿la hospitalidad?, ¿los
rituales de desplazamiento?, ¿la recreación,
el ocio o el descanso?, ¿el patrimonio?, ¿una
forma o instrumento de alienación puramente
capitalista? o ¿todo eso junto? En términos
prácticos, existe una suerte de indisciplina en
el estudio del turismo que no permite la creación
de paradigmas unificados de pensamiento
(Tribe, 1997).
En consecuencia, es necesario crear (fundar) una nueva epistemología del turismo que contemple cuestiones antropológicas, sociales, psicológicas y sobre todo arqueológicas e históricas (las cursivas son nuestras). Partiendo de la base de que el “hecho turístico” denota una gran importancia para las estructuras culturales de las diferentes sociedades, invitamos al siguiente número especial a autores, investigadores y estudiantes preocupados por cuestiones epistemológicas y metodológicas del turismo.
Ya hemos dicho que la epistemología no debe
confundirse con la metodología. El método no
es otra cosa que el camino elegido para conseguir
un fin, en nuestro caso el conocimiento
científico de un fenómeno o realidad. Cada
investigador es muy dueño de utilizar el que
considere como más eficaz. Por metodología
entendemos la teoría del método.
La consolidación de una ciencia implica el hecho
de que ha desarrollado un método propio
e intransferible. Hay, pues, tantos métodos y
metodologías como ciencias consolidadas y, en
consecuencia, hay muchas a disposición de la
construcción del conocimiento del turismo. No
obstante, ninguna es específica y propia de esta
disciplina. Los estudiosos del turismo se sirven
en cada caso de alguna o de un mix de las
metodologías disponibles para sus propósitos.
Es en este extremo en el que se basa la afirmación
de que no existe ni puede existir una
ciencia específica del turismo, la que fue llamada
turismología por el geógrafo yugoslavo
Zivadin Jovicic (1975), como si fuera una
ciencia autónoma e independiente de aquellas
ciencias sociales que le prestan sus métodos
específicos de investigación. Por ello, lo que
existe son diferentes ciencias aplicadas al turismo,
las cuales suelen tomar el nombre de la
ciencia social en la que se basan.
Pero así como hay una multitud de ciencias
turísticas porque existe una multitud de metodologías
disponibles a disposición de los
investigadores, no puede decirse lo mismo
de la epistemología. La epistemología, entendida
como teoría del conocimiento, no se
ha ocupado ni se puede ocupar del turismo
en la medida en que, como queda dicho, el
turismo no es una ciencia en el sentido duro
del término. ¿Contaremos en el futuro con
investigaciones dedicadas a la epistemología
del turismo? No es que haya que crear o
fundar una nueva epistemología del turismo
porque tal cosa carece de sentido. Lo que tiene
sentido es la epistemología de la sociología,
de la economía, de la geografía, es decir, de
aquellas ciencias sociales desde las que se construye el conocimiento del turismo como
fenómeno social. El conocimiento del turismo
se construye con un mix de epistemologías
relativas a la economía, la sociología o la
antropología, habida cuenta de sus diferentes
dimensiones y en función de la supuesta
complejidad de la materia, una complejidad
que no es más que la consecuencia ineluctable
de esa misma convicción, la cual lleva a
propugnar el necesario uso indiscriminado de
todas las ciencias a la vez.
El turismo concebido como actividad
productiva única y perfectamente
identificada
Hasta ahora nos hemos mantenido en el seno
de la concepción convencional del turismo
como fenómeno social y, de acuerdo con tal
conceptualización, hemos llegado a la conclusión
de que, en la medida en la que no se
puede hablar de una ciencia del turismo, tampoco
se puede hablar de una epistemología
propia de tal ciencia inexistente. Pero el turismo
puede ser conceptualizado no solo como
fenómeno: lo que se ve; sino también como
una especie de noúmeno: como lo que no se
ve, porque no es evidente, habida cuenta de
que las conceptualizaciones al uso no lo evidencian,
es decir, no lo ponen de manifiesto.
La investigación a la que nos venimos dedicando
desde 1985 en el antiguo Instituto
de Economía y Geografía del csic, España,
consiste en demostrar que si el turismo es consumo,
según los llamados padres del turismo
es porque antes de ello es producción. No hay
consumo sin producción, ni siquiera cuando
esta consistía en la recolección de frutos y
en la caza y en la pesca. Recolectar, cazar y
pescar son actividades productivas y, como
tales, previas a las actividades consuntivas. La
doctrina convencional del turismo, de raíz sociológica,
contempla también la producción,
a la cual incardina en el sector servicios de
la economía, pero esa doctrina es incapaz de
identificar el turismo como una actividad productiva
diferenciada, ya que la visión desde el
turista exclusivamente como consumidor conduce,
ineluctablemente, a un conjunto heterogéneo
de actividades productivas, algo que, en
pura lógica, implica la indeterminación. No es
posible diferenciar las actividades productivas
en función del consumidor, y mucho menos
cuando ese consumidor está tan mal identificado
como lo está el turista.
Por lo antes dicho, si tenemos necesidad de
identificar la producción de turismo como
una actividad productiva perfectamente
identificada, tenemos que volver a observar
la realidad más allá de lo evidente, es decir,
de lo inmediato. La doctrina convencional, de
etiología vulgar como hemos demostrado en
nuestras publicaciones, se basa en la enumeración
y descripción de la conducta de quien
realiza un tour sea este de ocio o de negocio.
Es así como pone el énfasis central en las características
del sujeto,sobre todo en sus motivaciones
y en todo aquello que hace, desde
los desplazamientos hasta las estancias en los
lugares visitados. Pero cabe hacer una observación
diferente de la realidad. Llevemos a
cabo antes una serie de reflexiones previas:
Las apariencias no agotan la realidad. Los
sentidos son una fuente de conocimiento válido, pero no suficiente, porque no nos revelan
lo que hay detrás del fenómeno, lo que Emmanuel
Kant llamó noúmeno. El noúmeno
es lo que, estando oculto, pasa desapercibido
por los sentidos. Por esta razón para acceder a
ello hay que prescindir de los sentidos y buscar
otra vía de conocimiento. Esa vía es el intelecto,
la razón, la capacidad de abstracción
que el hombre adquirió en una fase avanzada
de su evolución. Incluso la intuición tiene un
papel que jugar en esta ocasión.
La razón ha demostrado su capacidad para
desvelar lo oculto o, al menos, eso es lo que
ha sido aceptado por la comunidad científica
siendo la base del conocimiento. La razón se nutre de la lógica y la lógica se nutre de postulados desde los cuales es posible avanzar respetando
las reglas estrictas de la construcción
cognitiva. Así es como el conocimiento científico,
el que va más allá de los sentidos y de
la mera descripción de las apariencias, logra
desvelar lo oculto, la esencia de las cosas, su
dimensión nouménica, la realidad de las cosas
más allá de lo que percibimos por lossentidos
e independientemente de nuestra experiencia.
Kant las llama las cosas en sí mismas.
Advierte que el hombre no puede conocer las
cosas como son en sí mismas, lo que él llama
el noúmeno. El hombre solo puede conocer
las apariencias de las cosas, es decir, el fenó-
meno. Es por ello que para el conocimiento
de la realidad no tenemos otra vía que esforzarnos
en comprender cada vez más y mejor
el proceso mismo de la experiencia.
¿Significa lo que acabamos de decir que
al hombre le está vedado el conocimiento
nouménico de la realidad, de las cosas en sí
mismas? ¿Está condenado el proceso de la
construcción del conocimiento científico a
quedarse en un saber meramente descriptivo
de las apariencias? Parece que no tenemosmás
alternativa que responder afirmativamente a
tan inquietante pregunta, pero, reconocida
esta limitación, hemos de reconocer también
que incluso en el conocimiento como mera
descripción de las apariencias hay muchos
niveles, desde el más superficial, el propio
del vulgo, al que va más allá, el propio de los
científicos, un nivel al que llamamos de excelencia,
sin desdeñar los niveles intermedios,
aquellos que son los propios de las pseudo
ciencias, los de las ciencias falsas y los de las
ciencias en estadios de desarrollo insuficiente.
El sociólogo francés Pierre Bourdieu (Bourdieu,
Chamboredon & Passeron, 2013) se
refiere a este proceso cognitivo con esta frase:
Aún no se ha considerado la función de ruptura que Durkheim atribuía a la definición previa del objeto como construcción teórica ‘provisoria’ destinada ante todo a ‘sustituir las nociones del sentido común por una primera noción científica’. En efecto, en la medida en que el lenguaje común y ciertos usos especializados de las palabras comunes constituyen el principal vehículo de las representaciones de la sociedad, una crítica lógica y lexicográfica del lenguaje común surge como el paso previo indispensable para la elaboración controlada de las nociones científicas. (p. 30)
Más adelante, Bourdieu insiste en esta misma
idea con las siguientes palabras:
Es sabido que el acto de descubrir, que conduce a la solución de un problema sensoriomotor o abstracto debe romper las relaciones más aparentes, por ser las más familiares, para hacer surgir el nuevo sistema de relaciones entre los elementos. En sociología, como en otros campos, ‘una investigación seria conduce a reunir lo que vulgarmente se separa o a distinguir lo que vulgarmente se confunde’. [... ] La sociología no puede constituirse como ciencia efectivamente separada delsentido común sino bajo la condición de oponer a las pretensiones sistemáticas de la sociología espontánea la resistencia organizada de una teoría del conocimiento de lo social cuyos principios contradigan, punto, por punto, los supuestos de la filosofía primera de lo social. (pp. 31-32)
Dicho lo que antecede y admitido el hecho de
que el turista es un consumidor, tenemos que
aceptar que antes de serlo se ha tenido que
comportar como productor. ¿Pero productor
de qué? Para responder a esta pregunta tenemos
que responder antes a otra. ¿Qué es lo
consume un turista?
La doctrina convencional o sociológica responde
que un turista consume un conjunto
de servicios a los que considera por este
mero hecho turísticos, pero, como ya hemos dicho, se trata siempre de servicios no solo
muy diversos sino también implícitamente
sometidos al criterio de su mayor o menor
frecuencia de consumo por parte del turista.
Sin embargo, ahondando más, como decimos,
en la observación, nos percataremos de que
lo que consume un turista es un programa de
estancia con contenido y que tal programa de
estancia exige unas actividades preparatorias
previas que alguien tiene que realizar antes
de que sea consumido, unas actividades que
requieren conocimientos, tiempo y asignación
de recursos escasos. En definitiva, todo
lleva a admitir que se trata de una actividad
productiva.
Las diferentes disciplinas que se vienen ocupando
del conocimiento del hecho turístico
se caracterizan por exponer sus diferentes
dimensiones en niveles que se quedan en la
mera descripción de aquello que es más aparente
y superficial del mismo, es decir, en su
fenomenología primera, la que se percibe por
medio de los sentidos sin posterior elaboración
intelectual de sus aportaciones
Podríamos ofrecer una gran profusión de
citas que servirían para constatar de forma
contundente lo que acabamos de decir, pero
recordemos la cita de Korstanje sobre los tres
elementos que, a su juicio, definen el turismo.
Sin duda, Korstanje exhibe en ella una visión
muy bien formalizada y sin duda acorde con
los hábitostradicionales de losinvestigadores
del turismo, pero no es menos cierto que su
explicación no logra levantar el vuelo rasante
de la mera descripción, tan frecuente en la
bibliografía del turismo (Korstanje, 2011).
Podemos preguntarnos si entra dentro de lo
posible ofrecer una descripción del turismo
que despegue de las apariencias más inmediatas
para ir más allá de ellas ofreciendo
una descripción de aspectos progresivamente
más profundos hasta aproximarse a lo
nouménico, a la esencia del turismo. Como
respuesta podemos manifestar que los resultados
de la investigación que venimos desarrollando
desde 1985 indican que tal cosa es
posible.Ahí están nuestras publicaciones. La
primera data de 1988. En ellas se puede ver
que hemos ido más allá de lo meramente superficial
del turismo para aproximarnos a sus
aspectos más ocultos. Nuestra respuesta consiste
en destacar una fase que los turisperitos
olvidan, la fase de la programación de los
viajes, una fase que es, obviamente, previa e
imprescindible al llamado hecho turístico como
tal, hecho sociológico, el desplazamiento
físico de ida y vuelta con fines de ocio o de
negocio para satisfacer necesidades fuera de
la residencia habitual. Procede, pues, volver
a preguntarse si esta actividad programadora
tiene el carácter de una actividad productiva
en sí misma. La respuesta puede darla el hecho
de que hay actividades de planificación
desarrolladas por empresas tanto públicas
como privadas cuyos outputs son utilizados
como inputs en otras actividades productivas
en las que se obtienen nuevos outputs. Ahí
están los estudios de arquitectura, los bufetes
de abogados, las consultorías y las gestoras
en general, las cuales son actividades productivas
de servicios perfectamente definidas
cuyos outputs son inputs de otras que decidieron
en algún momento externalizarlos por
razones de eficiencia y reducción de costes.
Por ello, no es ninguna fantasía ver al turismo
como la actividad productiva que se dedica a
producir justo lo que consumen los turistas,
programas de estancia con contenido, una
actividad productiva que, como todas las demás,
nació en la economía doméstica, y unas
más pronto y otras más tarde, pasaron a ser
desarrolladas en empresas mercantiles especializadas.
En el caso del turismo, esto ocurrió
a mediados del siglo xix con la empresa que
fundó Thomas Cook en Leicester (Inglaterra)
en 1852, empresa a la que siguieron otras
similares en Europa primero y en Estados
Unidos después, para generalizarse mástarde
en todo el mundo, empresas que no son meras intermediarias como creen los turisperitos
sino productoras de turismo siguiendo una
tecnología específica.
No obstante, la producción de turismo aún
sigue mayoritariamente alojada en la economía
doméstica. Las nuevas tecnologías de la
información están reforzando y prolongando
la producción doméstica de turismo, pero
eso no está obstaculizando el desarrollo de la
producción mercantil de turismo.
Y ahora viene la última pregunta: ¿Tiene algún
sentido hablar de epistemología del turismo
considerado como actividad productiva única
y perfectamente identificada? La respuesta no
puede ser otra que la negativa, pues estamos
hablando de una ingeniería especializada: la
ingeniería del turismo, en la que, obviamente,
la epistemología no juega papel alguno.
A modo de conclusión provisional
Pretendemos con este artículo dirigirnos a la
turispericia para que reflexione sobre la improcedencia
de desarrollar una epistemológica
del turismo, en tanto que ni los planteamientos
convencionales que lo conciben como un
fenómeno ni los alternativos que lo ven como
una actividad productiva la necesitan. Es de
resaltar la tendencia cada vez más nítida entre
losturisperitos a desarrollartrabajos adornados
con las herramientasmássofisticadas aplicadas
a un bagaje conceptual que hace aguas por
doquier. La obsesión por la epistemología es
una de ellas, una más de las que no necesita la
disciplina, a no ser por el hecho de que la profesión
de muchos turisperitos se lleva a cabo en
las universidades y no en las empresas. Aplicar
sofisticados planteamientos alturismo recuerda
a lo que decía el eminente economista español
Antonio Flores de Lemus (1876-1941) con
respecto a la aplicación de métodos muy exigentes
a los estudios de economía hechos con
datos estadísticos deficientes, que estan absurdo
como pesar leña con balanza de precisión.
Si así dejamos de hacerlo abandonaremos la
insistencia en la sospechosa importancia que se
le otorga al turismo y seremos más modestos,
alejándonos del deleznable propagandismo que
mina la disciplina al servicio no de su eficacia
práctica sino de los intereses empresariales y
políticos, intereses sin duda legítimos, pero que
no deben ser servidos por los investigadores.
La alegre afirmación infundada de que el turismo
es la primera industria mundial está al
servicio de esos intereses. Esa afirmación se
sostiene en los dogmas del enfoque convencional,
pero con toda seguridad sería insostenible
en base a un conocimiento del turismo
plenamente respetuoso con las exigencias de la
eficacia. Urge ponerse manos a la obra.
Bibliografía
- Bataille, G. (1962). La parte maudite prècede de La notion de depènse, París: Editions de Minuit. Traducción española en Icaria, Barcelona 1987,
- F. Muñoz de Escalona. Bernecker, P. (1954) Tourism in classical Era. Revue de Tourisme, oct/dic. Berna Bourdieu,
- P.; Chamboredon, J-C. y Passeron, J-C. (2013). El oficio de sociólogo. Presupuestos epistemológicos, Madrid, Siglo xxi de España.
- Castillo. M y Panosso, A. (2010). Epistemología del turismo. México: Editorial Trillas. Dumazedier, J. (1968). La civilización del ocio. Madrid: Ediciones Guadarrama.
- Flores de Lemus (1960). Sobre el problema económico de España. Un debate en la Academia Nacional de la Dictadura. En:
- Velarde (1969). Lecturas de la economía española. Madrid:Gredos. Jovicic, Z. (1975). Pour et contre la turismologie comme discipline scientifique distincte. Berna: Editions Gurten
Por:
Francisco Muñoz de Escalona
Dr. en Economía del Turismo (U. Complutense de Madrid),
científico titular del Consejo Superior de Investigaciones
Científicas. Madrid,
jefe de Estudios de Eyser, Estudios y
Servicios, S. A, Madrid,
jefe de Departamento de Wilbur
Smith. USA,
profesor visitante de la Escuela de Altos
Estudios de Hotelería y Turismo. La Habana,
asesor de la unam, León, Nicaragua para la fundación de la
Facultad de Turismo,
consultor internacional.

No hay comentarios:
Publicar un comentario