Leanne White y Elspeth Frew traen un
nuevo libro, con el fin de explorar los problemas
y limitaciones del turismo dark y
la identidad. Los 19 capítulos que forman
esta voluminosa obra, algunos de ellos lo
bastante desconectados como para seguir
un argumento fino, nos llevan al fascinante
mundo de la conceptualización temática de
la muerte; y entonces al punto que en algún
momento toda persona prefigura su propia
muerte. En perspectiva, el turismo dark crea
alegoría pues intenta imponer una forma
estereotipada de consciencia. La propia violencia
de la muerte repentina glorifica ciertos
aspectos de las muertesjóvenes como formas
de recordatorio. La memoria de la víctima,
en este tipo de espacios, no solo es vital para
comprender todo el andamiaje cultural y
simbólico del fenómeno, sino que intenta dar
una explicación sobre las razones del evento
traumático. Entre los problemas conceptuales
más comunes a la hora de construir una
alegoría parece vincularse al rol que desempeña
el político como agente de distorsión;
es decir, como instrumento que distorsiona el
mensaje del turismo dark. Lo políticamente
correcto prima sobre otros criterios. Por tal
motivo, muchos investigadores encuentran
serios dilemas epistemológicos a la hora de
estudiar el fenómeno. Entre estos problemas
y situaciones, dos son de común repetición en
la investigación empírica aplicada.
A primera vista, los conceptos de identidad
y patrimonio parecen estar vinculados al
poder político y a la necesidad de no desafiar
al estatus-quo. Por otro lado, no siempre los
indicadores que marcan un sitio como turismo
dark quedan claros en las investigaciones. Si
se alude a la percepción individual como baluarte
principal de los resultados obtenidos, es
necesario reparar en el hecho de que un mismo
espacio puede tomar, para dos personas,
connotaciones diferentes. En este contexto,
el libro parte de la idea de comprender la
forma como los actores, víctimas, políticos,
inversoresturísticos, negocian el mensaje que impone el sitio de “memoria”. La forma y la
diversidad por medio de las cuales los sujetos
se apropian de los lugares es una de las
preocupaciones de todos los autores que forman
este valioso libro. Metodológicamente,
el trabajo rescata la tesis de que la interacción
entre culturas, personas y objetos permite una
mayor comprensión del pasado histórico de
una sociedad. Si bien valoramos el aporte
de White y Frew respecto al turismo dark,
intentamos hacer una pequeña crítica constructiva
que ayude a mejorar el argumento.
Nada parece más cercano a suponer que el
espacio de memoria generado por el turismo
dark es genuino y evoca a los verdaderos hechos
históricos. En lugar de resolver el dilema
del hombre con su muerte, el libro se centra en
las contribuciones económicas que este subtipo
de turismo da a la industria (C. 4, 7, 10), o
segmenta el perfil psicológico de esta clase de
visitantes (C. 2, 5, 13), llevando el argumento
antropológico del existir a un simple plan de
marketing. Aun cuando algunos capítulos (3,
6, 8, 11) se encuentran orientados a denunciar
los problemas de la diáspora en la búsqueda
constante de identidad en algunas minorías,
otros aspiran crear una historia real a través
de la memoria subjetiva (C. 12).
Las editoras se esfuerzan por dilucidar los
aspectos sociales del turismo dark, pero fallan
en sus respectivas respuestas a los objetivos
planteados. Primero, porque el libro no da
una explicación holística al existir del turismo
dark, segundo por cae en banales generalizaciones
que prestan demasiada atención a
la experiencia –como comodity– del turista
que al problema en sí. Más interesadas en
describir lo que el turista siente, en una gran
cantidad de capítulos dan por hecho –bajo
causalidad científica– los dichos del turista,
sin oportunidad de desmenuzar las tramas
simbólicas que fijan el discurso en los diferentes
sitios dark. El problema, precisamente,
es que si las entrevistas no se combinan con
técnica etnográfica, los resultados quedan
sesgados. Ello sucede simplemente porque los
turistas pueden mentir o no saber el motivo
de sus conductas.
Korstanje e Ivanov (2012) han explicado
que el turismo dark representa un terreno
fértil para comprender la forma como el
proceso de resiliencia opera en un contexto
de destrucción masiva o trauma extremo.
Una aproximación preliminar revela que
el turismo dark sirve como un mecanismo
de recuperación ante momentos de incertidumbre
o desastre. La muerte genera un
efecto disgregador en la sociedad, debido a
que nadie sabe cuándo aparecerá de nuevo.
Ante un evento traumático la sociedad puede
desaparecer, pero intentará por diversos mecanismos
mantener la solidaridad entre sus
miembros. Recordar la muerte o las víctimas
de un suceso no deseado es una de las formas
en las cuales los sobrevivientes o afectados
encuentran comunión. Ser un sobreviviente
implica cierta “superioridad moral” que si no
es regulada puede llevar a embriagantes estados
nacionalistas o chauvinistas. El superviviente
encuentra en “su continuar existiendo”
la razón para no dejarse morir. Comprende
que a pesar de todo el horror vivido, él ha sobrevivido
por elección divina o por su propia
virtud. Este, sin lugar a dudas, es el elemento
antropológico fundante para narrar una historia
de dolor y sufrimiento a otros, quienes no
han estado presentes. El problema surge en la
interpretación, políticamente determinada de
lo que debe ser recordado. Si el turismo dark
nace de nuestra necesidad ancestral de recordar
nuestras pérdidas, es imposible intentar
reconstruir el verdadero hecho histórico.
El proceso de reconstrucción o resiliencia
tiene éxito precisamente porque el hombre
domestica, cosifica, controla temporalmente
a la muerte (o cree hacerlo). En ese proceso,
el mensaje a ser recodado esideológicamente
tergiversado para olvidar las verdaderas causas
del fenómeno. Como resultado, si bien
la comunidad puede recuperarse, las causas
de la tragedia no son corregidas. La miopía conceptual hace que el evento que hoy se recuerda
como traumático vuelva a repetirse en
un futuro cercano. El turismo dark puede ser
definido como un mecanismo de resiliencia
cuya función no solo es la intelectualización
de la muerte sino la domesticación del futuro
(Fernández Montt y Korstanje, 2010;
Guidotti Hernández, 2011; Korstanje &
Fernández Montt, 2011).
Referencias
- Guidotti-Hernández, N. (2011) Unspeakable Violence. Remapping Us and Mexican National Imaginaries.
- Durham: Duke University Press. Korstanje, M. & Ivanov, S. (2012). “Tourism as a form of new psychological resilience: the inception of dark tourism”, en cultur-Revista de Cultura e Turismo, 6(4), 56-71.
- Fernández-Montt, R. & Korstanje, M. (2010) “El discurso nacionalista en la tragedia. Evaluación ex post terremoto del 27/02”, en Sincronía. A Journal for the Humanities and Social Sciences. Spring Issue. Universidad de Guadalajara, México.
- Korstanje, M. & Fernández Montt, R. (2011) “Desastres y nacionalismo: un análisis del show mediático Chile ayuda a Chile”, en International Journal of Zizek Studies. vol. 5 (4): 1-20.
Por:
Maximiliano E. Korstanje
Doctor Honoris Causa (Tourism)
de la Universidad
Skibbereen Turk and Caicos, Reino Unido.
Docente de la
Universidad de Palermo.
Facultad de Ciencias Económicas
y de cencap,
Centro de Ciencias de la Administración
Profesional, Argentina

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