martes, 15 de diciembre de 2015

MARCAJE DE BIENES CULTURALES

El marcaje de bienes culturales con su rótulo de identificación constituye una tarea esencial del proceso de registro; permite vincular a los objetos con su sistema de documentación, control y acceso. Es una tarea delicada, pues la mayor parte de las veces, implica una intervención directa sobre la pieza, y por tanto, requiere de criterios y técnicas adecuadas a su tipología artefactual, a su naturaleza material y a sus condiciones de preservación. Este capítulo entrega antecedentes generales sobre políticas y criterios básicos a considerar en el marcaje de bienes culturales, así como también información práctica sobre métodos, técnicas y materiales apropiados para la rotulación de diferentes tipos de objetos patrimoniales.

Introducción
El marcaje de los bienes culturales con su número de identificación es una tarea fundamental del proceso de registro, pues es la única manera de relacionar la pieza con su información documental, así como con los sistemas de control que facilitan su ubicación y acceso. 

Todos los objetos que forman parte de la colección permanente de una institución deben ser marcados de manera definitiva, sin importar si estos se encuentran en exhibición o depósito, o bien, en préstamo en otras instituciones. También es necesario considerar un marcaje temporal para todos aquellos objetos que ingresan al museo de modo transitorio, ya sea para fines de exhibición, documentación, investigación o conservación, en especial, si este carece de un número que lo identifique, pues es la manera de vincular al objeto con sus antecedentes de ingreso. 

El marcaje definitivo, sobre todo si este se realiza directamente en el objeto, es un procedimiento invasivo que puede obliterar información cultural relevante, en especial, en los materiales arqueológicos y en aquellas piezas que presenten iconografía. Asimismo, la selección de los productos a utilizar debe efectuarse con cuidado a fin de que estos no provoquen daños secundarios en los objetos. Por tanto, la técnica de marcaje y su aplicación debe contar en todo momento con la asesoría de un conservador profesional. 

Políticas Generales de Marcaje 
Toda institución museística debe establecer normas claras y explícitas para el marcaje de sus objetos, las cuales deben quedar por escrito en un documento que esté al alcance de todos los miembros de la institución que se relacionan directamente con los procesos de documentación y conservación. Entre éstas, es necesario considerar al menos las que a continuación se indican: 
  1. Establecer el código y formato que se utilizará para el marcaje, explicando de modo claro el significado que tiene cada uno de sus caracteres. Al respecto, es importante señalar que si el museo cambia de código, en ningún caso se deben eliminar los rótulos antiguos, ya que cada uno de estos otorga una información valiosa sobre la historia de la pieza y lo conectan con documentos y publicaciones pretéritas. Si por alguna razón, la preservación de rótulos antiguos no es posible de mantener, estos deberán quedar registrados en la documentación. 
  2. Definir estándares para la localización del rótulo en función de tipologías de objetos similares. A pesar de que cada pieza tiene sus propias particularidades al momento de decidir dónde marcarla, es recomendable, en la medida de lo posible, establecer ciertas normas para la ubicación del código, pues de ese modo se facilita su posterior búsqueda y se disminuyen las posibilidades de manipulación (por ej., para objetos bidimensionales de formato cuadrado o rectangular el lugar de marcaje será al reverso, en el extremo superior derecho).
  3. Determinar con claridad los elementos a marcar en aquellos objetos que son susceptibles de desmontar (por ej., una punta de proyectil y su astil), que están constituidos por dos o más componentes (por ej. un juego de té), o bien, que se encuentran fragmentados (por ej. un jarrón de porcelana). En estos casos se recomienda que todas sus partes, o fragmentos, sean marcados con el mismo rótulo. 
  4. Establecer, en función de tipologías de objetos similares, los métodos, técnicas y materiales de marcaje más apropiados, fundamentando en cada caso la elección realizada. Aun cuando cada pieza tiene sus propios requerimientos, resulta conveniente estandarizar los procedimientos de marcaje, pues ello otorga coherencia y consistencia al trabajo efectuado (por ej., todos los objetos planos en papel serán rotulados al reverso, en el extremo superior derecho, de modo directo y suave sobre el soporte, con lápiz grafito HB).
Criterios Básicos de Marcaje
  • Preservación del rótulo

Se debe tener en consideración que, cualquiera sea la técnica de marcaje a utilizar, el rótulo debe permanecer siempre en su lugar. Por tanto, es necesario evaluar, para cada caso en particular, los potenciales factores de riesgo de una eliminación accidental con el fin de tomar las medidas de resguardo necesarias. Por otra parte, se debe tener la precaución de que los productos a emplear en el marcaje sean estables a las condiciones medioambientales y de ese modo evitar su alteración y degradación. Sin embargo, estos a su vez deben tener como cualidad la reversibilidad, es decir, deben permitir la fácil eliminación del rótulo –si así se estima pertinente– sin que ello ocasione un daño adicional a la pieza. Esta última consideración resulta de especial relevancia para aquellos casos en los cuales el objeto es marcado de modo directo.

  • Ubicación del rótulo

La selección del lugar en el cual se efectúa el marcaje es de gran importancia, ya que de ello depende su accesibilidad, preservación y pertinencia. El lugar seleccionado para el rótulo debe ser visible y de fácil acceso, evitando de ese modo la manipulación excesiva del objeto al momento de su búsqueda, pero, a su vez, lo suficientemente discreto para que este pase desapercibido en la exhibición, o bien en los procesos de documentación visual que se practiquen sobre el objeto. En este sentido, se debe privilegiar el reverso en las piezas bidimensionales y la cara posterior, próxima a la base, en aquellas tridimensionales. Se recomienda además evitar el marcaje en la base, ya que dicha zona está propensa a la abrasión y a su vez obliga a levantar y voltear la pieza para su lectura, incorporando con ello un factor de riesgo innecesario, sobre todo cuando se trata de objetos voluminosos y pesados. Sin embargo, esta recomendación se puede soslayar en el caso de objetos muy pequeños o cuando las cualidades culturales, tecnológicas o iconográficas de la pieza no permiten otra opción de marcaje. 

Otro aspecto importante a considerar es que la superficie de marcado debe ser apropiada para tales efectos, es decir, sus características físicas tienen que facilitar la escritura por una parte, y asegurar la permanencia del rótulo por otra. Esto implica que el área seleccionada debe ser en lo posible plana, poco porosa y estable. Hay que evitar las zonas rugosas y estriadas, así como también aquellas que presentan procesos activos de alteración (por ej. corrosión, exfoliación, pulverización y craquelación, entre otros). 

La aptitud de la superficie de marcado se debe evaluar también desde el punto de vista estético y cultural, en el sentido de que la zona seleccionada debe estar libre de inscripciones, huellas y marcas diagnósticas que son necesarias de dejar a la vista para que los especialistas puedan realizar estudios y análisis sobre las piezas. Así, por ejemplo, un artefacto lítico nunca debe ser rotulado en su superficie de uso, ya que ello impedirá visualizar las huellas patrones que posibilitan su identificación funcional. Del mismo modo, se deben evitar aquellas zonas que evidencian marcas de manufactura como sería, por ejemplo, las dejadas por las gubias en una figura de madera, o bien aquellas que son indicativas de ensamblajes o uniones en la construcción de una pieza de metal. También se deben descartar las superficies que presenten algún tipo de iconografía ya sea pintada, incisa o en relieve. La ubicación del rótulo no debe ocultar información acerca de las cualidades tecnológicas, culturales, estéticas y/o históricas del objeto. 

Aunque la norma general es que el rótulo sea aplicado físicamente en el objeto, existen situaciones en las cuales dicho procedimiento no es posible de realizar debido a la naturaleza o las características particulares que la pieza presenta. En tales casos, el marcaje se debe efectuar sobre sus contenedores o soportes ya sea de modo directo o mediante una etiqueta adherida que asegure en el tiempo su permanencia en el lugar escogido. Este es el caso, por ejemplo, de las colecciones de numismática, glípticas y joyas, así como también ciertas colecciones de ciencias naturales (por ej. especimenes de entomología, malacología y botánica, entre otros). 

  • Legibilidad del rótulo 

La legibilidad del rótulo depende de su tamaño, de la capacidad de contraste de sus caracteres en función del soporte que los sustenta y de la claridad de su escritura. En relación al tamaño, es fundamental que este sea proporcional a las dimensiones del objeto, considerando además su ubicación y accesibilidad. Para objetos muy pequeños, tales como puntas de proyectil, aros, cuentas, sellos y miniaturas en general, se recomienda el uso de caracteres que no sobrepasen los 3 mm de altura. Para objetos medianos y grandes el tamaño de los caracteres puede oscilar entre 5 y 9 mm, y para objetos muy grandes, como mobiliario o artefactos de tipo industrial (por ej. vehículos y maquinarias), el tamaño de los caracteres puede llegar hasta los 15 mm de altura. En este último caso, se recomienda que el rótulo sea aplicado en más de un lugar con el fin de facilitar su pesquisa.

El contraste de los caracteres se logra utilizando el color blanco para superficies oscuras y el negro para superficies claras. No obstante, se considera que el rojo es un color funcional para ambos tipos de sustrato. La utilización de este criterio aportará de modo notable a la visibilidad del epígrafe.

 Finalmente, es preciso señalar que la legibilidad del rótulo depende también de la claridad de la escritura y se recomienda utilizar letras tipo imprenta. Los caracteres deben estar claramente delineados e identificados, evitando yuxtaposiciones y superposiciones.

Métodos, técnicas y materiales de marcaj
Los métodos de marcaje utilizados con mayor frecuencia en los museos se pueden clasificar como definitivos y temporales . Los métodos definitivos se aplican sobre los objetos que son de propiedad de la institución y por tanto se procurará, en medida de lo posible, que el rótulo quede físicamente instalado, de modo directo, en la superficie de la pieza. En cambio, los métodos temporales se utilizan para identificar aquellas piezas que están en préstamo en la institución, privilegiando técnicas de marcaje de carácter indirecto. Es decir, se debe evitar la aplicación del rótulo en la superficie del objeto, optando, por ejemplo, por el uso de etiquetas adheridas con medios no invasivos, o bien, marcando contenedores y soportes asociados. 

Aunque en función de la situación legal que tienen los objetos en la institución parece relativamente fácil optar por uno u otro método, lo cierto es que la naturaleza y tipología de las colecciones condicionan muchas veces la posibilidad de aplicar el sistema de marcaje que le corresponde. Es por ello que cada caso tendrá su propio derrotero y se deberá consultar a un conservador profesional cada vez que existan dudas acerca de cuál es la mejor manera para marcar un objeto en particular. No obstante, los métodos y técnicas que a continuación se describen constituyen alternativas posibles de aplicar, siempre y cuando se tome en consideración las restricciones que en cada una de ellas se indican y se asuman los criterios básicos expuestos en el acápite anterior.

Métodos definitivos con técnicas directas de marcaje 
Dado que las técnicas directas de marcaje constituyen un procedimiento invasivo para el objeto, se debe tener especial cuidado en la selección de los materiales a utilizar. Estos tienen que ser estables químicamente, reversibles, durables e inocuos para las piezas, tanto al momento de su aplicación como cuando se decida su remoción. En tal sentido se recomienda emplear sólo aquellos productos que han sido testeados científicamente. 
  • Rótulo sobre capa de protección: 

Esta técnica de marcaje se recomienda para objetos cuyo soporte material sea duro, homogéneo y de porosidad media, tales como vidrio, cerámica, metal (sin corrosión), madera, hueso, piedra, marfil y concha, entre otros. Si un objeto está constituido por más de un material, el rótulo se aplica sobre aquel que presenta las mejores condiciones físicas. Antes de iniciar el procedimiento, es necesario examinar cuidadosamente el objeto a fin de seleccionar la zona más apropiada para el marcaje, en consideración de los criterios básicos señalados en el acápite anterior. Posteriormente, se limpia la superficie escogida con una brocha suave, eliminando el polvo y la suciedad superficial (foto 1) . Nunca se deben utilizar solventes, incluyendo agua, a menos que se haya recibido la asesoría de un conservador profesional, ya que este tipo de productos puede ocasionar daños irreparables en la superficie de las piezas. 

Una vez limpia la zona, se aplica con pincel una capa delgada, rectangular y de tamaño proporcional al formato del código, de resina acrílica transparente (foto 2). Se recomienda no comprar productos industriales en locales no especializados, ya que por lo general estos no poseen información técnica acerca de sus componentes y aditivos. Se sugiere, más bien, preparar esta resina con polímeros acrílicos en perlas, tales como aquellos provenientes de la familia de los metilmetacrilato (MMA) que, preparados en una solución entre el 20% y el 40% en solventes como alcohol, acetona, tolueno y mineral spirits puro, resultan más adecuados para el marcaje de objetos museológicos. 

La elección del solvente tiene que considerar, por una parte, los niveles de toxicidad que este presenta y la posibilidad de una aplicación segura8 , y por otra, la reacción química que este tendrá al entrar en contacto con la materialidad del objeto. En términos generales, se puede señalar que el alcohol y la acetona constituyen solventes peligrosos para piezas lacadas, pintadas, de plástico, vinilo, caucho y carey, ya que removerán y desintegrarán la superficie de contacto. Asimismo, se tiene que evaluar con precaución su utilización en objetos de marfil, madera y hueso que presenten debilidad estructural producto de un extremo resecamiento. En el caso del tolueno y del mineral spirits, se debe considerar el alto nivel de toxicidad que tiene el primero para el operador durante la aplicación, así como también su imposibilidad de uso en superficies enceradas, plásticas y vinílicas, debido a riesgos de deterioro químico. El mineral spirits puro es un solvente aromático que, destilado del petróleo, resulta se bastante más inocuo que la acetona y el tolueno, teniendo como restricción su empleo en superficies enceradas. 

Una vez aplicada la capa de resina acrílica, se tiene que dar un tiempo de secado de 10 a 15 minutos si el solvente utilizado es de rápida evaporación (acetona y alcohol), o bien, de 20 a 30 minutos si los solventes usados son de tipo aromático (tolueno y mineral spirits). 

La escritura del rótulo se realizará solo y exclusivamente sobre la capa de resina, empleando pigmentos estables químicamente (minerales), sean estos tintas o pinturas acrílicas, los cuales se aplicarán con plumillas técnicas, pinceles finos o Rapidograph (foto 3). Entre los pigmentos recomendados se encuentran el negro carbón, el blanco dióxido de titanio y el rojo cadmio . El procedimiento finaliza colocando una capa de resina acrílica sobre el rótulo, una vez que el pigmento se haya secado (30 minutos), con el propósito de protegerlo de posibles alteraciones físico mecánicas (foto 4).

Rótulo sobre la superficie del objeto: 
Esta técnica de marcaje se recomienda para todos aquellos objetos en los cuales resulta riesgosa o improcedente la aplicación de una capa de resina acrílica, como son, por ejemplo, las superficies plásticas, vinílicas, de goma, caucho y carey, así como también aquellos objetos cuyo soporte es el papel (por ej. documentos, libros, acuarelas, grabados, dibujos y fotografías, entre otros). 

En el caso de la primera serie de objetos (plásticos, vinilos, gomas, etc.) el marcaje se puede aplicar directamente sobre el soporte material de la pieza, utilizando en ello tintas al agua (foto 5) y teniendo la precaución de seguir los procedimientos señalados en el acápite anterior10, o bien, empleando un lápiz graso conocido como dermatográfico (foto 6). Este tipo de lápiz se emplea habitualmente en los laboratorios para etiquetar muestras almacenadas en contenedores de plástico y de vidrio. Sin embargo, es necesario tener en consideración que este tipo de marcaje puede ser poco durable en el tiempo, porque su continuo roce lo hará desaparecer. En tal sentido, se recomienda que su ubicación evite zonas de contacto frecuente, como pueden ser por ejemplo, aquellas que se emplean para su manipulación. En el caso de documentos, acuarelas y fotografías, y en general cualquier objeto cuyo soporte sea el papel, el rótulo se realiza con lápiz grafito HB, procurando no ejercer presión al momento de la escritura y privilegiando siempre el reverso de la pieza (foto 7). Los libros con valor patrimonial deben marcarse en el extremo superior o inferior derecho de la portada11.

Rótulo sobre etiquetas anexadas al objeto: 
Esta técnica de marcaje se recomienda para objetos cuya superficie material sea fibrosa (por ej. cuero, pieles y cortezas), inestable (por ej. metales corroídos) o tejida (por ej. textiles y cestería). Así como también para aquellas piezas en las cuales resulta inadecuada una aplicación directa debido a la pérdida de valor que esta acción le implica (por ej. joyas y artefactos en metales preciosos, principalmente oro y plata). 

Para la confección de etiquetas se pueden emplear las cintas de algodón, poliéster y lino que, en diversos anchos, se encuentran en establecimientos del rubro cordonería, teniendo la precaución de que estas no sean teñidas y eliminando por medio del lavado posibles aditivos (por ej. apresto). También se puede utilizar la tela no tejida de microfibras de polietileno, de alta densidad, conocida comercialmente como Tyvek®. Cualquiera sea el soporte seleccionado para el rótulo, este debe ser proporcional al tamaño de los caracteres y se debe procurar que su superficie sea lo más lisa posible a fin de facilitar la escritura.

El código de marcaje se escribe en la etiqueta con un lápiz técnico de tinta permanente, punta fina, resistente a la humedad y a la luz. Es recomendable que la superficie de la tela sea sellada con una capa delgada y poco viscosa de metilmetacrilato para evitar que la tinta se esparza (fotos 8 y 9)12. Este procedimiento sirve también para otorgar una mayor estabilidad al algodón y el lino, si estos se encuentranen ambientes con variaciones importantes de humedad relativa. 

En el caso de los objetos tejidos, como textiles, cesterías y esteras, la etiqueta puede ser cosida a la pieza con un hilo delgado y simple de poliéster, mediante un par de puntadas en sus extremos. Sin embargo, se debe tener la precaución que la aguja sea muy fina y que esta no perfore nunca la fibra (foto 11). 

Para los objetos de superficie fibrosa o inestable, o bien aquellos especiales, la etiqueta puede ser anexada de modo colgante. Es decir, amarrada con un hilo transparente a una sección de la pieza, la cual debe tener como característica principal su estabilidad material y estructural a fin de evitar daños y pérdidas (foto 10). Si las características morfológicas o de conservación del objeto no permiten la instalación de una etiqueta colgante, se debe seguir el procedimiento señalado en el acápite siguiente para rótulos sobre contenedores y soportes.

Métodos temporales con técnicas indirectas de marcaje 
Las técnicas indirectas de marcaje se deben utilizar sólo y exclusivamente para aquellos objetos que se encuentran de modo temporal en la institución y que, como tales, no son de su propiedad. No obstante, y como ya se ha expresado en la sección anterior, en ciertas ocasiones estas constituyen la única opción de marcaje para piezas que por su naturaleza no es posible rotular de modo directo en su superficie. Sin embargo, estos casos deben ser considerados siempre una excepción. 

Rótulo sobre etiquetas colgantes: 
Las etiquetas colgantes deben ser consideradas siempre una técnica indirecta, temporal e insegura de marcaje, ya que pueden desprenderse involuntariamente del objeto. En tal sentido, se recomienda que todas las piezas que hayan sido rotuladas con este sistema, sean fotografiadas con su código de marcaje a la vista (foto 12) y que esta información sea anexada a su expediente de registro y documentación, como una forma de asegurar el vínculo entre el objeto y sus antecedentes, incluso, si en algún momento el rótulo se pierde.

La aplicación de este sistema de marcaje debe seguir los procedimientos indicados en el acápite anterior, para
piezas con superficies fibrosas, inestables o de carácter especial, como son las joyas y artefactos en oro y plata.

Rótulo sobre contenedores y soportes:
 Esta técnica de marcaje es la menos apropiada de todas las señaladas anteriormente, ya que se encuentra expuesta a mayores riesgos de pérdida de la vinculación entre el objeto y su número, por tanto, se debe utilizar sólo excepcionalmente en aquellas piezas que por su naturaleza y cualidades no es posible aplicar otro sistema de marcaje. Entre estas se encuentran las miniaturas, las cuentas aisladas, las monedas, las medallas, los sellos y las estampillas, entre otras. 

El contenedor o soporte a marcar debe ser aquel que está directamente asociado al objeto (foto 13), más
allá que resulta recomendable también que los contenedores externos lleven en su exterior y de forma visible, la totalidad de los números de inventario que contienen. Se debe privilegiar siempre una técnica de marcaje directa sobre el soporte, siguiendo las recomendaciones técnicas señaladas en los acápites anteriores en relación con los distintos tipos de materiales sobre los cuales se realizará la escritura.

A fin de salvaguardar la relación entre el objeto y su número se recomienda fotografiar la pieza en su contenedor o soporte con el número de marcaje a la vista e ingresar estos antecedentes al expediente de registro y documentación. 

La tabla N° 2 señala, a modo de ejemplo, algunos marcajes específicos sobre bienes culturales diversos que son útiles para orientar la toma de decisiones en estas materias.
Por:
Roxana Seguel Quintana

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