El marcaje de bienes culturales con su rótulo
de identificación constituye una tarea esencial
del proceso de registro; permite vincular a
los objetos con su sistema de documentación,
control y acceso. Es una tarea delicada,
pues la mayor parte de las veces, implica
una intervención directa sobre la pieza, y
por tanto, requiere de criterios y técnicas
adecuadas a su tipología artefactual, a su
naturaleza material y a sus condiciones
de preservación. Este capítulo entrega
antecedentes generales sobre políticas y
criterios básicos a considerar en el marcaje
de bienes culturales, así como también
información práctica sobre métodos, técnicas
y materiales apropiados para la rotulación de
diferentes tipos de objetos patrimoniales.
Introducción
El marcaje de los bienes culturales con su número de
identificación es una tarea fundamental del proceso de
registro, pues es la única manera de relacionar la pieza con
su información documental, así como con los sistemas de
control que facilitan su ubicación y acceso.
Todos los objetos que forman parte de la colección
permanente de una institución deben ser marcados de manera
definitiva, sin importar si estos se encuentran en exhibición o
depósito, o bien, en préstamo en otras instituciones. También
es necesario considerar un marcaje temporal para todos
aquellos objetos que ingresan al museo de modo transitorio,
ya sea para fines de exhibición, documentación, investigación
o conservación, en especial, si este carece de un número
que lo identifique, pues es la manera de vincular al objeto
con sus antecedentes de ingreso.
El marcaje definitivo, sobre todo si este se realiza directamente
en el objeto, es un procedimiento invasivo que puede obliterar
información cultural relevante, en especial, en los materiales
arqueológicos y en aquellas piezas que presenten iconografía.
Asimismo, la selección de los productos a utilizar debe
efectuarse con cuidado a fin de que estos no provoquen
daños secundarios en los objetos. Por tanto, la técnica de
marcaje y su aplicación debe contar en todo momento con
la asesoría de un conservador profesional.
Políticas Generales de Marcaje
Toda institución museística debe establecer normas claras y
explícitas para el marcaje de sus objetos, las cuales deben
quedar por escrito en un documento que esté al alcance
de todos los miembros de la institución que se relacionan
directamente con los procesos de documentación y
conservación. Entre éstas, es necesario considerar al menos
las que a continuación se indican:
- Establecer el código y formato que se utilizará para el marcaje, explicando de modo claro el significado que tiene cada uno de sus caracteres. Al respecto, es importante señalar que si el museo cambia de código, en ningún caso se deben eliminar los rótulos antiguos, ya que cada uno de estos otorga una información valiosa sobre la historia de la pieza y lo conectan con documentos y publicaciones pretéritas. Si por alguna razón, la preservación de rótulos antiguos no es posible de mantener, estos deberán quedar registrados en la documentación.
- Definir estándares para la localización del rótulo en función de tipologías de objetos similares. A pesar de que cada pieza tiene sus propias particularidades al momento de decidir dónde marcarla, es recomendable, en la medida de lo posible, establecer ciertas normas para la ubicación del código, pues de ese modo se facilita su posterior búsqueda y se disminuyen las posibilidades de manipulación (por ej., para objetos bidimensionales de formato cuadrado o rectangular el lugar de marcaje será al reverso, en el extremo superior derecho).
- Determinar con claridad los elementos a marcar en aquellos objetos que son susceptibles de desmontar (por ej., una punta de proyectil y su astil), que están constituidos por dos o más componentes (por ej. un juego de té), o bien, que se encuentran fragmentados (por ej. un jarrón de porcelana). En estos casos se recomienda que todas sus partes, o fragmentos, sean marcados con el mismo rótulo.
- Establecer, en función de tipologías de objetos similares, los métodos, técnicas y materiales de marcaje más apropiados, fundamentando en cada caso la elección realizada. Aun cuando cada pieza tiene sus propios requerimientos, resulta conveniente estandarizar los procedimientos de marcaje, pues ello otorga coherencia y consistencia al trabajo efectuado (por ej., todos los objetos planos en papel serán rotulados al reverso, en el extremo superior derecho, de modo directo y suave sobre el soporte, con lápiz grafito HB).
- Preservación del rótulo
Se debe tener en consideración que, cualquiera sea la
técnica de marcaje a utilizar, el rótulo debe permanecer
siempre en su lugar. Por tanto, es necesario evaluar, para
cada caso en particular, los potenciales factores de riesgo de
una eliminación accidental con el fin de tomar las medidas
de resguardo necesarias. Por otra parte, se debe tener la
precaución de que los productos a emplear en el marcaje
sean estables a las condiciones medioambientales y de ese
modo evitar su alteración y degradación. Sin embargo, estos
a su vez deben tener como cualidad la reversibilidad, es
decir, deben permitir la fácil eliminación del rótulo –si así se
estima pertinente– sin que ello ocasione un daño adicional
a la pieza. Esta última consideración resulta de especial
relevancia para aquellos casos en los cuales el objeto es
marcado de modo directo.
- Ubicación del rótulo
La selección del lugar en el cual se efectúa el marcaje es de
gran importancia, ya que de ello depende su accesibilidad,
preservación y pertinencia. El lugar seleccionado para el
rótulo debe ser visible y de fácil acceso, evitando de ese
modo la manipulación excesiva del objeto al momento de
su búsqueda, pero, a su vez, lo suficientemente discreto
para que este pase desapercibido en la exhibición, o bien
en los procesos de documentación visual que se practiquen
sobre el objeto. En este sentido, se debe privilegiar el reverso
en las piezas bidimensionales y la cara posterior, próxima
a la base, en aquellas tridimensionales. Se recomienda
además evitar el marcaje en la base, ya que dicha zona está
propensa a la abrasión y a su vez obliga a levantar y voltear
la pieza para su lectura, incorporando con ello un factor de
riesgo innecesario, sobre todo cuando se trata de objetos
voluminosos y pesados. Sin embargo, esta recomendación se
puede soslayar en el caso de objetos muy pequeños o cuando
las cualidades culturales, tecnológicas o iconográficas de la
pieza no permiten otra opción de marcaje.
Otro aspecto importante a considerar es que la superficie
de marcado debe ser apropiada para tales efectos, es decir,
sus características físicas tienen que facilitar la escritura
por una parte, y asegurar la permanencia del rótulo por
otra. Esto implica que el área seleccionada debe ser en lo
posible plana, poco porosa y estable. Hay que evitar las
zonas rugosas y estriadas, así como también aquellas que
presentan procesos activos de alteración (por ej. corrosión,
exfoliación, pulverización y craquelación, entre otros).
La aptitud de la superficie de marcado se debe evaluar también
desde el punto de vista estético y cultural, en el sentido de
que la zona seleccionada debe estar libre de inscripciones,
huellas y marcas diagnósticas que son necesarias de dejar a
la vista para que los especialistas puedan realizar estudios y
análisis sobre las piezas. Así, por ejemplo, un artefacto lítico
nunca debe ser rotulado en su superficie de uso, ya que ello
impedirá visualizar las huellas patrones que posibilitan su
identificación funcional. Del mismo modo, se deben evitar
aquellas zonas que evidencian marcas de manufactura
como sería, por ejemplo, las dejadas por las gubias en una
figura de madera, o bien aquellas que son indicativas de
ensamblajes o uniones en la construcción de una pieza
de metal. También se deben descartar las superficies que
presenten algún tipo de iconografía ya sea pintada, incisa o en
relieve. La ubicación del rótulo no debe ocultar información
acerca de las cualidades tecnológicas, culturales, estéticas
y/o históricas del objeto.
Aunque la norma general es que el rótulo sea aplicado
físicamente en el objeto, existen situaciones en las cuales
dicho procedimiento no es posible de realizar debido a la
naturaleza o las características particulares que la pieza
presenta. En tales casos, el marcaje se debe efectuar sobre
sus contenedores o soportes ya sea de modo directo o
mediante una etiqueta adherida que asegure en el tiempo
su permanencia en el lugar escogido. Este es el caso, por
ejemplo, de las colecciones de numismática, glípticas y
joyas, así como también ciertas colecciones de ciencias
naturales (por ej. especimenes de entomología, malacología
y botánica, entre otros).
- Legibilidad del rótulo
La legibilidad del rótulo depende de su tamaño, de la
capacidad de contraste de sus caracteres en función del
soporte que los sustenta y de la claridad de su escritura. En
relación al tamaño, es fundamental que este sea proporcional
a las dimensiones del objeto, considerando además su
ubicación y accesibilidad. Para objetos muy pequeños, tales
como puntas de proyectil, aros, cuentas, sellos y miniaturas en
general, se recomienda el uso de caracteres que no sobrepasen
los 3 mm de altura. Para objetos medianos y grandes el
tamaño de los caracteres puede oscilar entre 5 y 9 mm, y
para objetos muy grandes, como mobiliario o artefactos de
tipo industrial (por ej. vehículos y maquinarias), el tamaño
de los caracteres puede llegar hasta los 15 mm de altura. En
este último caso, se recomienda que el rótulo sea aplicado
en más de un lugar con el fin de facilitar su pesquisa.
El contraste de los caracteres se logra utilizando el color
blanco para superficies oscuras y el negro para superficies
claras. No obstante, se considera que el rojo es un color
funcional para ambos tipos de sustrato. La utilización de
este criterio aportará de modo notable a la visibilidad del
epígrafe.
Finalmente, es preciso señalar que la legibilidad del
rótulo depende también de la claridad de la escritura y
se recomienda utilizar letras tipo imprenta. Los caracteres
deben estar claramente delineados e identificados, evitando
yuxtaposiciones y superposiciones.
Métodos, técnicas y materiales
de marcaje
Los métodos de marcaje utilizados con mayor frecuencia
en los museos se pueden clasificar como definitivos y
temporales . Los métodos definitivos se aplican sobre los
objetos que son de propiedad de la institución y por tanto
se procurará, en medida de lo posible, que el rótulo quede
físicamente instalado, de modo directo, en la superficie de
la pieza. En cambio, los métodos temporales se utilizan para identificar aquellas piezas que están en préstamo en
la institución, privilegiando técnicas de marcaje de carácter
indirecto. Es decir, se debe evitar la aplicación del rótulo
en la superficie del objeto, optando, por ejemplo, por el
uso de etiquetas adheridas con medios no invasivos, o bien,
marcando contenedores y soportes asociados.
Aunque en función de la situación legal que tienen los objetos
en la institución parece relativamente fácil optar por uno u
otro método, lo cierto es que la naturaleza y tipología de
las colecciones condicionan muchas veces la posibilidad de
aplicar el sistema de marcaje que le corresponde. Es por
ello que cada caso tendrá su propio derrotero y se deberá
consultar a un conservador profesional cada vez que existan
dudas acerca de cuál es la mejor manera para marcar un
objeto en particular. No obstante, los métodos y técnicas que
a continuación se describen constituyen alternativas posibles
de aplicar, siempre y cuando se tome en consideración las
restricciones que en cada una de ellas se indican y se asuman
los criterios básicos expuestos en el acápite anterior.
Métodos definitivos con técnicas directas de
marcaje
Dado que las técnicas directas de marcaje constituyen un
procedimiento invasivo para el objeto, se debe tener especial
cuidado en la selección de los materiales a utilizar. Estos
tienen que ser estables químicamente, reversibles, durables
e inocuos para las piezas, tanto al momento de su aplicación
como cuando se decida su remoción. En tal sentido se
recomienda emplear sólo aquellos productos que han sido
testeados científicamente.
- Rótulo sobre capa de protección:
Esta técnica de marcaje se recomienda para objetos cuyo
soporte material sea duro, homogéneo y de porosidad media,
tales como vidrio, cerámica, metal (sin corrosión), madera,
hueso, piedra, marfil y concha, entre otros. Si un objeto está
constituido por más de un material, el rótulo se aplica sobre
aquel que presenta las mejores condiciones físicas.
Antes de iniciar el procedimiento, es necesario examinar
cuidadosamente el objeto a fin de seleccionar la zona más
apropiada para el marcaje, en consideración de los criterios
básicos señalados en el acápite anterior. Posteriormente,
se limpia la superficie escogida con una brocha suave,
eliminando el polvo y la suciedad superficial (foto 1) . Nunca
se deben utilizar solventes, incluyendo agua, a menos que se
haya recibido la asesoría de un conservador profesional, ya
que este tipo de productos puede ocasionar daños irreparables
en la superficie de las piezas.
Una vez limpia la zona, se aplica con pincel una capa
delgada, rectangular y de tamaño proporcional al formato
del código, de resina acrílica transparente (foto 2). Se
recomienda no comprar productos industriales en locales
no especializados, ya que por lo general estos no poseen
información técnica acerca de sus componentes y aditivos.
Se sugiere, más bien, preparar esta resina con polímeros
acrílicos en perlas, tales como aquellos provenientes de la
familia de los metilmetacrilato (MMA) que, preparados en
una solución entre el 20% y el 40% en solventes como
alcohol, acetona, tolueno y mineral spirits puro, resultan más
adecuados para el marcaje de objetos museológicos.
La elección del solvente tiene que considerar, por una parte,
los niveles de toxicidad que este presenta y la posibilidad
de una aplicación segura8
, y por otra, la reacción química
que este tendrá al entrar en contacto con la materialidad
del objeto. En términos generales, se puede señalar que el
alcohol y la acetona constituyen solventes peligrosos para
piezas lacadas, pintadas, de plástico, vinilo, caucho y carey,
ya que removerán y desintegrarán la superficie de contacto.
Asimismo, se tiene que evaluar con precaución su utilización
en objetos de marfil, madera y hueso que presenten debilidad
estructural producto de un extremo resecamiento. En el
caso del tolueno y del mineral spirits, se debe considerar el
alto nivel de toxicidad que tiene el primero para el operador
durante la aplicación, así como también su imposibilidad de
uso en superficies enceradas, plásticas y vinílicas, debido a
riesgos de deterioro químico. El mineral spirits puro es un
solvente aromático que, destilado del petróleo, resulta se bastante más inocuo que la acetona y el tolueno, teniendo
como restricción su empleo en superficies enceradas.
Una vez aplicada la capa de resina acrílica, se tiene que
dar un tiempo de secado de 10 a 15 minutos si el solvente
utilizado es de rápida evaporación (acetona y alcohol), o
bien, de 20 a 30 minutos si los solventes usados son de tipo
aromático (tolueno y mineral spirits).
La escritura del rótulo se realizará solo y exclusivamente
sobre la capa de resina, empleando pigmentos estables
químicamente (minerales), sean estos tintas o pinturas
acrílicas, los cuales se aplicarán con plumillas técnicas,
pinceles finos o Rapidograph (foto 3). Entre los pigmentos
recomendados se encuentran el negro carbón, el blanco
dióxido de titanio y el rojo cadmio . El procedimiento
finaliza colocando una capa de resina acrílica sobre el rótulo,
una vez que el pigmento se haya secado (30 minutos), con
el propósito de protegerlo de posibles alteraciones físico
mecánicas (foto 4).
Rótulo sobre la superficie del objeto:
Esta técnica de marcaje se recomienda para todos aquellos
objetos en los cuales resulta riesgosa o improcedente la
aplicación de una capa de resina acrílica, como son, por
ejemplo, las superficies plásticas, vinílicas, de goma, caucho
y carey, así como también aquellos objetos cuyo soporte es
el papel (por ej. documentos, libros, acuarelas, grabados,
dibujos y fotografías, entre otros).
En el caso de la primera serie de objetos (plásticos, vinilos,
gomas, etc.) el marcaje se puede aplicar directamente sobre el
soporte material de la pieza, utilizando en ello tintas al agua
(foto 5) y teniendo la precaución de seguir los procedimientos
señalados en el acápite anterior10, o bien, empleando un
lápiz graso conocido como dermatográfico (foto 6). Este tipo
de lápiz se emplea habitualmente en los laboratorios para
etiquetar muestras almacenadas en contenedores de plástico
y de vidrio. Sin embargo, es necesario tener en consideración
que este tipo de marcaje puede ser poco durable en el
tiempo, porque su continuo roce lo hará desaparecer. En
tal sentido, se recomienda que su ubicación evite zonas de
contacto frecuente, como pueden ser por ejemplo, aquellas
que se emplean para su manipulación.
En el caso de documentos, acuarelas y fotografías, y en
general cualquier objeto cuyo soporte sea el papel, el rótulo
se realiza con lápiz grafito HB, procurando no ejercer presión
al momento de la escritura y privilegiando siempre el reverso
de la pieza (foto 7). Los libros con valor patrimonial deben
marcarse en el extremo superior o inferior derecho de la
portada11.
Rótulo sobre etiquetas anexadas al objeto:
Esta técnica de marcaje se recomienda para objetos cuya
superficie material sea fibrosa (por ej. cuero, pieles y cortezas),
inestable (por ej. metales corroídos) o tejida (por ej. textiles y
cestería). Así como también para aquellas piezas en las cuales
resulta inadecuada una aplicación directa debido a la pérdida
de valor que esta acción le implica (por ej. joyas y artefactos
en metales preciosos, principalmente oro y plata).
Para la confección de etiquetas se pueden emplear las cintas
de algodón, poliéster y lino que, en diversos anchos, se
encuentran en establecimientos del rubro cordonería, teniendo
la precaución de que estas no sean teñidas y eliminando por
medio del lavado posibles aditivos (por ej. apresto). También
se puede utilizar la tela no tejida de microfibras de polietileno,
de alta densidad, conocida comercialmente como Tyvek®.
Cualquiera sea el soporte seleccionado para el rótulo, este
debe ser proporcional al tamaño de los caracteres y se debe
procurar que su superficie sea lo más lisa posible a fin de
facilitar la escritura.
El código de marcaje se escribe en la etiqueta con un lápiz
técnico de tinta permanente, punta fina, resistente a la
humedad y a la luz. Es recomendable que la superficie de
la tela sea sellada con una capa delgada y poco viscosa de
metilmetacrilato para evitar que la tinta se esparza (fotos 8
y 9)12. Este procedimiento sirve también para otorgar una
mayor estabilidad al algodón y el lino, si estos se encuentranen ambientes con variaciones importantes de humedad
relativa.
En el caso de los objetos tejidos, como textiles, cesterías y
esteras, la etiqueta puede ser cosida a la pieza con un hilo
delgado y simple de poliéster, mediante un par de puntadas
en sus extremos. Sin embargo, se debe tener la precaución
que la aguja sea muy fina y que esta no perfore nunca la
fibra (foto 11).
Para los objetos de superficie fibrosa o inestable, o bien
aquellos especiales, la etiqueta puede ser anexada de modo
colgante. Es decir, amarrada con un hilo transparente a una
sección de la pieza, la cual debe tener como característica
principal su estabilidad material y estructural a fin de evitar
daños y pérdidas (foto 10). Si las características morfológicas
o de conservación del objeto no permiten la instalación de una
etiqueta colgante, se debe seguir el procedimiento señalado
en el acápite siguiente para rótulos sobre contenedores y
soportes.
Métodos temporales con técnicas indirectas
de marcaje
Las técnicas indirectas de marcaje se deben utilizar sólo y
exclusivamente para aquellos objetos que se encuentran de
modo temporal en la institución y que, como tales, no son de
su propiedad. No obstante, y como ya se ha expresado en
la sección anterior, en ciertas ocasiones estas constituyen la
única opción de marcaje para piezas que por su naturaleza
no es posible rotular de modo directo en su superficie. Sin
embargo, estos casos deben ser considerados siempre una
excepción.
Rótulo sobre etiquetas colgantes:
Las etiquetas colgantes deben ser consideradas siempre
una técnica indirecta, temporal e insegura de marcaje, ya
que pueden desprenderse involuntariamente del objeto. En
tal sentido, se recomienda que todas las piezas que hayan
sido rotuladas con este sistema, sean fotografiadas con su
código de marcaje a la vista (foto 12) y que esta información
sea anexada a su expediente de registro y documentación,
como una forma de asegurar el vínculo entre el objeto y
sus antecedentes, incluso, si en algún momento el rótulo
se pierde.
La aplicación de este sistema de marcaje debe seguir los
procedimientos indicados en el acápite anterior, para
piezas
con superficies fibrosas, inestables o de carácter especial,
como son las joyas y artefactos en oro y plata.
Rótulo sobre contenedores y soportes:
Esta técnica de marcaje es la menos apropiada de todas las
señaladas anteriormente, ya que se encuentra expuesta a
mayores riesgos de pérdida de la vinculación entre el objeto y
su número, por tanto, se debe utilizar sólo excepcionalmente
en aquellas piezas que por su naturaleza y cualidades no
es posible aplicar otro sistema de marcaje. Entre estas se
encuentran las miniaturas, las cuentas aisladas, las monedas,
las medallas, los sellos y las estampillas, entre otras.
El contenedor o soporte a marcar debe ser aquel que está
directamente asociado al objeto (foto 13), más
allá que resulta
recomendable también que los contenedores externos lleven
en su exterior y de forma visible, la totalidad de los números
de inventario que contienen. Se debe privilegiar siempre
una técnica de marcaje directa sobre el soporte, siguiendo
las recomendaciones técnicas señaladas en los acápites
anteriores en relación con los distintos tipos de materiales
sobre los cuales se realizará la escritura.
A fin de salvaguardar la relación entre el objeto y su número
se recomienda fotografiar la pieza en su contenedor o
soporte con el número de marcaje a la vista e ingresar estos
antecedentes al expediente de registro y documentación.
La tabla N° 2 señala, a modo de ejemplo, algunos marcajes
específicos sobre bienes culturales diversos que son útiles
para orientar la toma de decisiones en estas materias.
Por:
Roxana Seguel Quintana




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